Esta mañana comenzaron las tareas de remoción del embalsado acumulado en la Laguna Setúbal, particularmente en el sector de los pilotes del ex puente ferroviario, uno de los puntos donde la vegetación flotante había generado mayores complicaciones para la navegación.
Los trabajos son ejecutados por el Ejército Argentino con asistencia de la Municipalidad de Santa Fe, luego de una serie de gestiones y reuniones mantenidas en las últimas semanas para coordinar el operativo.
La presencia de grandes masas de vegetación comenzó a registrarse a mediados de abril en distintos sectores de la laguna, principalmente en los pilotes del ex puente ferroviario, las cabeceras este de los puentes Colgante y Oroño y también en el denominado Puente Palito, en Alto Verde.
Desde entonces, aficionados a los deportes náuticos y usuarios habituales de la laguna manifestaron su preocupación y reclamaron la intervención de las autoridades, advirtiendo que los embalsados dificultaban la circulación de embarcaciones y afectaban la práctica de actividades recreativas y deportivas.
Ante esa situación, el municipio avanzó en un acuerdo con el Ejército Argentino, que cuenta con el equipamiento y los recursos técnicos necesarios para realizar la extracción de la vegetación acumulada.
El operativo comenzó en uno de los sectores considerados prioritarios por el grado de concentración del embalsado y por el impacto que genera sobre la navegabilidad.
Cómo se forma el embalsado en la Laguna Setúbal
La especialista Zuleica Marchetti explicó que este proceso se originó a partir de la extraordinaria bajante que atravesó el sistema hídrico en años anteriores.
Esa situación permitió que distintas especies vegetales colonizaran bancos de arena que habitualmente permanecían sumergidos. Con la recuperación paulatina de los niveles del agua, esas plantas comenzaron a desprenderse y fueron arrastradas por la corriente.
Al desplazarse aguas abajo, la vegetación encuentra obstáculos como los pilotes del Puente Colgante o del antiguo puente ferroviario, donde queda retenida y empieza a acumular más material vegetal hasta formar grandes conglomerados flotantes.
Según detalló la especialista, los embalsados están compuestos por una trama entrelazada de especies como canutillo y camalote, cuyas raíces y tallos funcionan como una especie de red natural capaz de retener otras plantas.
Marchetti señaló que estas estructuras pueden alcanzar entre dos y cuatro metros de profundidad debajo de la superficie y comportarse como un “colchón flotante” que sube y baja junto con el nivel del agua.
En sectores profundos, como la zona del Faro, la vegetación no está arraigada al fondo sino sostenida por la presión que ejerce contra los pilares de las estructuras.
Desde el punto de vista ambiental, la investigadora aclaró que los embalsados no representan un problema para el ecosistema, ya que el agua y los sedimentos continúan circulando por debajo y la fauna puede desplazarse normalmente.
Sin embargo, advirtió que el principal inconveniente aparece cuando la vegetación bloquea completamente los pasos navegables, dificultando la circulación de embarcaciones recreativas, turísticas o de fuerzas de seguridad como Prefectura.
Respecto de la remoción, Marchetti explicó que se trata de un trabajo complejo que requiere intervenir antes de que el paso quede totalmente cerrado. El procedimiento más adecuado consiste en fragmentar la masa vegetal mediante herramientas mecánicas y permitir luego que los restos continúen su desplazamiento controlado aguas abajo.

