A menudo nuestros gustos nos hipnotizan: lo que no nos resulta placentero no es digno de ser reconocido. La estética y la asunción del protagonismo han ganado un espacio desde hace años en el fútbol mundial. Positivo, sin dudas. Preferido por los espectadores, lógicamente. Pero hay otras formas que viajan por caminos diferentes pero que tienen una raíz muy poderosa, también.
Diego Simeone ha transformado su idea en la filosofía en el Atl. Madrid. Lo logró casi de inmediato, gran mérito. Lo sostiene casi una década después, más meritorio aún. En la era de la inmediatez su ejemplo de reinvención y continuidad rompe el molde.
Su equipo lleva años en el podio del fútbol español, ha jugado finales Continentales y ha ganado títulos. Casi nada queda, en nombres, de su primer equipo. La esencia en cambio sigue intacta. Sólida, gane o no. Convicción, convencimiento e inconformismo son, probablemente, las mayores virtudes del Cholo.
¿Se le puede ganar de otro modo hoy a Liverpool? Dificil saberlo porque casi no pierde aunque la evidencia marca que no. Jugar del modo en que juegan los equipos de Simeone implica concentración permanente y el enorme riesgo de estar cerca de su arco permanentemente. Pero a este equipo no le pesa jugar con los bigotes del león quizá porque han hecho carne estas formas y encuentran comodidad donde otros pánico. Gustará o no, esa es otra historia. Desde casa es más sencillo pero nadie puede negar que con este método Simeone a sentado a su equipo, casi ininterrumpidamente, a la mesa de los grandes. Y eso supera cualquier tipo de subjetividad.