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asesinato José Luis Cabezas

A 29 años del crimen de José Luis Cabezas, una noche marcada por amenazas y un mensaje mafioso

En la madrugada del 25 de enero de 1997, el fotógrafo de la revista Noticias fue secuestrado y asesinado en General Madariaga. A casi tres décadas del hecho que sacudió a la Argentina, persiste la memoria de un crimen que expuso la connivencia entre poder, policía e impunidad.

25 de enero de 2026


Hace 29 años, José Luis Cabezas salió de una fiesta en Pinamar sin saber que esa sería su última noche. El fotógrafo de la revista Noticias, que había llegado a la costa con la intención de pasar un “verano tranquilo” mientras cumplía con su trabajo, llevaba semanas percibiendo señales inquietantes. Advertencias veladas, comentarios fuera de lugar y situaciones extrañas anticiparon el desenlace de uno de los crímenes más emblemáticos de la historia argentina reciente.

Durante la temporada de verano 1996/97, Cabezas y el periodista Gabriel Michi comenzaron a notar un clima hostil apenas arribaron a Pinamar. El fotógrafo comentó con preocupación que personas vinculadas al empresario Alfredo Yabrán habían intentado averiguar dónde vivía en Buenos Aires. La información provenía del entonces jefe de prensa municipal, en un distrito gobernado por Blas Altieri, amigo personal del poderoso empresario postal.

Las señales se acumularon con el correr de los días. Comentarios del comisario Alberto Gómez y de Juan Altieri, hermano del intendente, sobre Candela —la hija de apenas cinco meses de Cabezas— generaron una alarma íntima y difícil de ignorar. También hubo hechos concretos: una cubierta del auto pinchada de manera intencional y el seguimiento permanente de custodios de Yabrán cuando intentaron entrevistarlo en un restaurante.

Pese a todo, la dupla periodística continuó con su tarea. La madrugada del 25 de enero de 1997, Cabezas asistió al cumpleaños del empresario Oscar Andreani en una casa del norte de Pinamar. Afuera, mientras la celebración avanzaba, la banda conocida como “Los Horneros” ya se encontraba en la zona. Vecinos alertaron a la policía por movimientos sospechosos, pero los patrulleros nunca llegaron: más tarde se comprobaría que la zona había sido liberada.

Al retirarse de la fiesta, cerca de las cinco de la mañana, Cabezas fue interceptado, reducido y secuestrado. Lo trasladaron 16 kilómetros hasta una cava en General Madariaga. Allí, con las manos esposadas, fue asesinado de dos disparos en la nuca y su cuerpo fue quemado dentro de su automóvil. El mensaje fue claro y brutal.

La investigación y el juicio posterior demostraron la participación de policías, delincuentes y la estructura de poder que rodeaba a Yabrán, quien había ordenado “pasar un verano tranquilo”. Todos los responsables fueron condenados, excepto el empresario, que se suicidó en 1998 cuando iba a ser detenido.

El crimen de José Luis Cabezas marcó un antes y un después en la relación entre periodismo, poder e impunidad en la Argentina. A 29 años del asesinato, su nombre sigue siendo sinónimo de memoria, justicia y de una consigna que atravesó generaciones: “No se olviden de Cabezas”.