A medio siglo del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la música aparece como uno de los lenguajes que logró atravesar la censura y dar cuenta, desde distintos registros, del clima social de la época. En un contexto de persecución, listas negras y control estatal sobre los contenidos, las expresiones artísticas funcionaron tanto como refugio como espacio de denuncia.
Durante la dictadura, el aparato represivo no solo apuntó a la eliminación de opositores políticos, sino también al control de ideas y manifestaciones culturales. Sin embargo, a pesar de las restricciones impuestas por organismos como el Comité Federal de Radiodifusión (COMFER), muchas canciones circularon de manera indirecta o lograron eludir los mecanismos de censura mediante recursos simbólicos.
El rock y el lenguaje de las metáforas
El rock nacional fue uno de los géneros que encontró formas de expresar el contexto sin confrontarlo de manera explícita. A través de letras cargadas de metáforas, músicos como Charly García lograron describir el clima de época sin nombrarlo directamente. Con Serú Girán, canciones como “Canción de Alicia en el país” ofrecieron lecturas críticas sobre la represión y las desapariciones.
Los recitales también funcionaron como espacios de encuentro en medio de la vigilancia. Artistas como Luis Alberto Spinetta convocaban a miles de jóvenes en escenarios donde la música adquiría un sentido colectivo, más allá del espectáculo.
En esa misma línea, León Gieco tendió puentes entre el rock y el folklore. Su canción “Solo le pido a Dios” se convirtió en una de las expresiones más difundidas de la época, con un mensaje que, aunque general, resonó en una sociedad atravesada por la violencia y el silencio.
Folklore, exilio y denuncia
El folklore, por su vínculo con las tradiciones populares y su contenido social, fue uno de los géneros más afectados por la censura. Muchos de sus referentes fueron perseguidos o debieron exiliarse.
Entre ellos, Mercedes Sosa se consolidó como una de las voces más representativas. Tras ser detenida en un recital en La Plata en 1979, partió al exilio y desde el exterior continuó denunciando las violaciones a los derechos humanos. Su regreso en 1982 marcó un momento significativo en el plano cultural.
También Horacio Guarany fue objeto de persecución y prohibiciones. Sus canciones circularon de manera clandestina y se transformaron en símbolos de resistencia en distintos ámbitos.
Otras expresiones y tensiones culturales
La resistencia cultural no se limitó a un solo género. La obra de María Elena Walsh, por ejemplo, combinó ironía y crítica en un contexto de fuerte control ideológico, tanto en sus textos como en sus canciones.
En contraste, el tango atravesó un proceso diferente. Tradicionalmente asociado a los sectores populares, fue en parte resignificado por el régimen, que buscó proyectar una imagen cultural más controlada. Algunos referentes, como Astor Piazzolla, sostuvieron propuestas renovadoras, mientras otros, como Osvaldo Pugliese, mantuvieron gestos simbólicos de resistencia.
Memoria en clave musical
A 50 años del golpe, estas expresiones musicales continúan siendo una vía de acceso a la memoria colectiva. Más allá de su valor artístico, muchas de estas canciones funcionaron como registros emocionales de una época en la que la palabra pública estaba restringida.
Lejos de quedar como piezas del pasado, sus letras y melodías siguen vigentes como herramientas para reflexionar sobre la historia reciente y sobre la importancia de sostener prácticas democráticas en el presente.
