En un emotivo acto realizado en el distrito costero de Alto Verde, la Escuela de Oficios “Papa Francisco” cerró su ciclo lectivo 2025 con la entrega de diplomas a 49 nuevos egresados. La institución, sostenida por la Fundación Manos Abiertas, se consolida como un polo educativo clave para la inserción laboral en la región.
Wilson Stegmayer, director del establecimiento, destacó el crecimiento de la matrícula y la diversificación de la oferta académica. Este año, los alumnos recibieron certificaciones con validez nacional, aprobadas por el Ministerio de Educación, en cinco oficios anuales: albañilería, ayudante de cocina, carpintería de obra fina, montador electricista domiciliario y herrería.
Además, se incorporaron dos trayectos cortos trimestrales que tuvieron gran aceptación: repostería e instalador de paneles solares.
Más de una década transformando realidades
La escuela comenzó a funcionar en 2015, dos años después de que Francisco fuera nombrado Papa, iniciando con apenas dos talleres básicos. “Hoy ya es la onceava entrega de diplomas. Pasaron 800 personas por la escuela y ya hemos tenido más de 300 egresados”, detalló Stegmayer.
Si bien el alumnado es heterogéneo en edades, el arraigo territorial es fuerte: el 90% de los estudiantes son vecinos de Alto Verde, aunque también asisten personas de barrios aledaños como El Pozo o la zona de la cancha de Colón.
“El balance final es positivo porque uno puede ver al que termina, al que consigue un trabajo y después pasa por acá y nos cuenta cómo le está yendo”, valoró el director sobre el impacto social del proyecto.
El trabajo integral de Manos Abiertas
Bibiana Pronino, referente de la Fundación Manos Abiertas, subrayó que la escuela de oficios es “la primera obra” que la organización tuvo en la ciudad de Santa Fe, pero no la única.
La fundación despliega una amplia labor solidaria que incluye el acompañamiento a niños oncológicos en el Hospital de Niños y el Iturraspe (a través de la Casa de Aupa) y apoyo escolar a niños y adolescentes en el Centro Educativo San Ignacio, ubicado a pocos metros de la escuela de oficios.
“Es un trabajo enorme que se hace no solo desde la Fundación, sino con los profesores y el barrio que confía en esta escuela”, concluyó Pronino.
