La misión Artemis II comenzó la fase de regreso a la Tierra luego de concretar un hito en la exploración espacial: el sobrevuelo tripulado por la cara oculta de la Luna, una región poco explorada que permitió obtener imágenes y datos inéditos.
Durante ese trayecto, la nave Orion permaneció incomunicada con la Tierra durante unos 50 minutos debido a la interferencia del satélite, una prueba clave que puso en evidencia la autonomía de sus sistemas. En ese lapso, además, los astronautas pudieron observar un eclipse solar no visible desde el planeta.
La tripulación —integrada por Reid Wiseman, Christina Koch, Victor Glover y el canadiense Jeremy Hansen— alcanzó una distancia máxima de más de 406.000 kilómetros de la Tierra, superando registros históricos de misiones tripuladas previas.
Tras completar el sobrevuelo, la nave iniciará este martes la salida progresiva de la órbita lunar. Antes de ejecutar la maniobra, los astronautas mantendrán comunicaciones con el equipo científico en Tierra para compartir las primeras evaluaciones de la misión, en una jornada que también servirá para reducir la exigencia física antes del retorno.
En los días siguientes, el plan de vuelo contempla una serie de pruebas y preparativos. Entre ellas, experimentos vinculados a la radiación solar, simulaciones de refugio ante eventos extremos y ensayos de pilotaje manual de la cápsula, con el objetivo de validar sistemas clave para futuras misiones.
Hacia el noveno día, la atención estará puesta en el reingreso: la tripulación revisará protocolos, comprobará sistemas de soporte y ensayará el uso de trajes especiales para mitigar los efectos del regreso a la gravedad terrestre.
La etapa final incluirá la reorganización interna de la nave, la separación del módulo de servicio y el ingreso a la atmósfera terrestre, donde la cápsula enfrentará temperaturas cercanas a los 1.500 grados. Luego se desplegarán los paracaídas que permitirán un descenso controlado hasta el amerizaje en el océano Pacífico.
Más allá del regreso, la misión dejó avances significativos en el conocimiento del hemisferio oculto lunar, caracterizado por su relieve irregular y alta concentración de cráteres. Entre los objetivos principales se destacó el estudio de la cuenca Orientale, una de las formaciones geológicas más importantes para entender la historia temprana del Sistema Solar.
Con Artemis II, la NASA no solo retoma los vuelos tripulados a la órbita lunar después de más de 50 años, sino que también sienta las bases para futuras misiones humanas más ambiciosas, incluyendo el regreso sostenido a la Luna y eventuales viajes a Marte.
