La misión Artemis II de la NASA vive una de sus jornadas más trascendentes con el sobrevuelo de la cara oculta de la Luna, una región invisible desde la Tierra que será observada directamente por humanos por primera vez en más de cinco décadas. Durante esta maniobra, la cápsula Orión transporta a cuatro astronautas que registrarán imágenes y datos científicos clave de zonas nunca exploradas de esta manera.
El momento más crítico se producirá cuando la nave quede fuera de contacto con la Tierra durante unos 50 minutos, un lapso en el que no habrá comunicaciones por radio. Esta desconexión, lejos de ser un inconveniente, forma parte de las pruebas necesarias para validar los sistemas de navegación y operación autónoma de cara a futuras misiones.
En paralelo, la tripulación alcanzará cifras históricas: estará a unos 402.000 kilómetros de la Tierra —la mayor distancia lograda por humanos— y a aproximadamente 6.500 kilómetros de la superficie lunar en su punto más cercano. Este doble registro supera incluso a las misiones del programa Apolo.
Durante el sobrevuelo, los astronautas utilizarán cámaras de alta resolución para captar imágenes de formaciones como la cuenca Orientale y distintos cráteres de la cara oculta. Las condiciones de iluminación, determinadas por la posición del Sol, serán clave para revelar detalles del relieve y la geología lunar.
La misión sigue una trayectoria de “retorno libre”, que le permitirá rodear la Luna y regresar a la Tierra sin maniobras complejas, priorizando la seguridad del viaje. Los datos recolectados serán fundamentales para futuras misiones, incluyendo el regreso de humanos a la superficie lunar y el desarrollo de bases científicas permanentes.
Con este paso, Artemis II no solo amplía los límites de la exploración espacial, sino que también aporta información inédita sobre el satélite natural y abre nuevas posibilidades para misiones de larga duración en el espacio profundo.
