
Momentos de estupor y preocupación se vivieron durante la noche del martes en una clínica odontológica ubicada en barrio Mariano Comas, en la ciudad de Santa Fe, luego de que una bala calibre 9 milímetros atravesara el techo y el cielorraso de uno de los consultorios donde se atienden pacientes.
El hecho ocurrió en la Clínica Odontológica CIO, situada en la esquina suroeste de Cándido Pujato y pasaje Rodríguez. Según denunciaron los responsables del lugar, un laboratorista escuchó un fuerte ruido proveniente de uno de los consultorios y, al ingresar, encontró en el piso una ojiva de plomo recubierta con una lámina de cobre.
Al levantar la vista observó un agujero en el cielorraso, lo que confirmó que el proyectil había ingresado desde el exterior tras perforar el techo del inmueble. Inmediatamente, se comunicaron con la central de emergencias 911 y solicitaron la urgente presencia policial.
Minutos más tarde arribaron oficiales del Comando Radioeléctrico capitalino, quienes preservaron la escena y constataron tanto el ingreso del proyectil como la presencia de la ojiva en el interior del consultorio.
Peritajes criminalísticos
Tras las primeras actuaciones policiales, la novedad fue comunicada a la Jefatura de la Unidad Regional I La Capital y posteriormente al fiscal de Flagrancia del Ministerio Público de la Acusación, quien ordenó la intervención de agentes especializados del área Científica de la Policía de Investigaciones (PDI).
Los peritos realizaron las tareas criminalísticas correspondientes y secuestraron la ojiva de un proyectil calibre 9 milímetros, considerado “calibre de guerra” de acuerdo con la Ley Nacional de Armas y Explosivos N° 20.429.
Además, los especialistas verificaron el recorrido realizado por la bala, que habría perforado el techo de chapas y luego el cielorraso antes de caer dentro del consultorio odontológico.
¿Qué ocurre cuando una bala cae desde el aire?
De acuerdo con estudios balísticos y forenses, cuando una bala es disparada hacia arriba pierde velocidad durante el ascenso hasta detenerse y luego cae nuevamente por efecto de la gravedad. Aunque la resistencia del aire reduce considerablemente su velocidad, el proyectil puede seguir siendo extremadamente peligroso.
Una bala calibre 9 milímetros puede alcanzar al caer velocidades de entre 60 y 90 metros por segundo, energía suficiente para provocar heridas graves, perforar la piel, fracturar huesos e incluso causar la muerte si impacta en zonas vulnerables como la cabeza, el cuello o el pecho.
Los especialistas advierten además que, si el disparo fue realizado en ángulo y no de manera perfectamente vertical, la bala puede conservar una velocidad aún mayor y resultar mucho más letal.
El episodio generó fuerte preocupación entre trabajadores y pacientes de la clínica, ya que el proyectil cayó en un espacio cerrado destinado a la atención odontológica, lo que pudo haber derivado en una tragedia.

