La imagen clásica del kiosco de barrio, punto de encuentro cotidiano y refugio de golosinas y charlas al paso, atraviesa uno de sus momentos más críticos. De acuerdo con datos de la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA), elaborados en base a registros de ARCA, en el país cierran entre 50 y 70 kioscos por día, una cifra que refleja un retroceso inédito para el sector.
El informe señala que la caída sostenida del consumo, el aumento de costos y la competencia de grandes cadenas y otros formatos comerciales impactan de lleno en un rubro históricamente vinculado a la economía familiar y barrial.
Andrea Ruiz, referente del sector, describió un panorama complejo: “La situación está complicada, los kiosqueros que estaban en la avenida o en el centro se están yendo a sus casas, abriendo negocios en el garage, en la ventana que tienen, están despidiendo a sus empleados para poder subsistir”.
Según explicó, muchos comerciantes optan por reducir gastos fijos, abandonar alquileres y reconvertir el negocio en un emprendimiento doméstico para evitar el cierre definitivo. El ajuste incluye, en numerosos casos, la desvinculación de empleados, lo que amplifica el impacto social de la crisis.
Desde UKRA advierten que, de mantenerse la tendencia actual, el mapa comercial de los barrios podría transformarse de manera profunda, con menos locales tradicionales y más ventas informales o de menor escala, en un contexto de retracción general del consumo.
