La situación financiera de los hogares argentinos muestra señales de creciente deterioro, impulsada por el fuerte avance del crédito a través de billeteras virtuales y plataformas fintech. Según datos oficiales del Banco Central hasta noviembre de 2025, las familias destinan actualmente el 33% de sus ingresos mensuales al pago de saldos y préstamos no bancarios, el nivel más alto desde que existen registros.
El sobreendeudamiento no se limita al sistema digital. Si se suman los compromisos asumidos con la banca tradicional, la deuda total de los hogares ya equivale al 140% de sus ingresos mensuales. Este escenario se refleja con claridad en el aumento de la morosidad, que en noviembre alcanzó el 8,8%, su valor más elevado desde 2010.
Uno de los datos más preocupantes es el salto en los créditos considerados “irrecuperables”, es decir, aquellos con más de un año de atraso. En apenas doce meses, este indicador pasó del 2,6% al 6,4%, evidenciando un deterioro acelerado en la capacidad de pago de las familias.
El fenómeno impacta con mayor fuerza en el universo fintech. El relevamiento oficial señala que el 21,4% de la deuda con este sector presenta irregularidades en el pago, una proporción que triplica la registrada un año atrás. En términos absolutos, de los $12,6 billones otorgados por el sistema no bancario, alrededor de $2,7 billones enfrentan serias dificultades de cobro.
“Muchas personas que tienen acceso al crédito formal no logran llegar a fin de mes y recurren a mecanismos alternativos. Antes, las cuotas se licuaban con la inflación; hoy eso ya no ocurre”, explicó Marina Dal Poggetto, directora de la consultora EcoGo.
El estrés financiero también se extiende a los bancos, aunque con menor intensidad debido al uso del débito automático. Aun así, la mora en préstamos personales trepó a un récord del 11%, mientras que en tarjetas de crédito alcanzó el 8,4%, multiplicándose por seis en comparación con 2024.
Los datos reflejan un escenario complejo, en el que el acceso ampliado al crédito convive con mayores niveles de fragilidad financiera y un aumento sostenido del incumplimiento, tanto en el sistema tradicional como en el digital.

