La relación de los argentinos con el consumo atraviesa una nueva etapa. Según el informe Social Mood del tercer trimestre de 2026, elaborado por la consultora Moiguer, crece el pesimismo sobre el futuro y los hogares adoptan estrategias más selectivas para administrar sus ingresos.
El estudio señala que, por primera vez en la serie, quienes creen que la situación del país empeorará durante los próximos 12 meses superan a quienes esperan una mejora: 41% frente a 38%. Además, el optimismo retrocedió 14 puntos porcentuales respecto del primer trimestre de 2025.
Menos poder de compra y más gastos fijos
El relevamiento también identifica un deterioro en variables que impactan directamente sobre los presupuestos familiares. De acuerdo con los datos de Moiguer, el poder adquisitivo de los salarios cayó 11 puntos respecto de enero de 2023, mientras que el ingreso disponible de los hogares disminuyó 17 puntos.
Al mismo tiempo, los servicios y el transporte representan una porción cada vez mayor del salario promedio. La consultora resume el escenario con una fórmula: los ingresos se achican mientras aumentan los gastos fijos.
La situación genera además una brecha entre la evolución de la actividad económica y el consumo masivo. Mientras el indicador de actividad utilizado por el informe pasó de 100 en 2021 a 116 en junio de 2026, el índice de consumo masivo cayó de 100 a 77 en el mismo período.
Recortar lo esencial y mantener algunos gustos
El cambio no implica necesariamente dejar de consumir. El estudio detectó que cuatro de cada diez hogares tienen un perfil denominado “compensador”: reducen determinados gastos esenciales, pero mantienen otros vinculados con la ropa, la electrónica, las salidas o los viajes.
Dentro de esta lógica aparece la denominada “bolucompra”, concepto utilizado por Moiguer para describir pequeñas compras de bajo costo que permiten satisfacer el deseo de consumir sin generar un impacto significativo en el presupuesto.
La pregunta del consumidor también cambia. Más que preguntarse únicamente si algo es caro o barato, empieza a evaluar qué obtiene a cambio del dinero que gasta.
Nuevas referencias para decidir qué comprar
El informe identifica tres variables que ganan importancia en las decisiones de compra: acceso, precio y valor.
En materia de acceso, por ejemplo, el 54% de los encuestados afirmó haber comprado en un bazar chino durante los últimos meses, mientras que las importaciones puerta a puerta crecieron 641% respecto de 2024, según los datos incluidos en el estudio.
También cambiaron los precios relativos de distintos productos. Moiguer calculó que un salario promedio permitía comprar 156 kilos de carne en 2022, mientras que en 2026 alcanza para 95 kilos. En el caso de las zapatillas de primera marca, la relación pasó de 3,4 pares a 10,1 pares.
Estos movimientos llevan a los consumidores a comparar productos y servicios que antes pertenecían a categorías diferentes. El criterio deja de ser únicamente cuánto cuesta algo y pasa a incluir cuánto dura, cuánto se disfruta y qué utilidad ofrece.
El desafío para las marcas
El cambio en los hábitos también modifica la competencia entre las empresas. Según el informe, las marcas ya no compiten solamente dentro de su propia categoría, sino por una porción del presupuesto cada vez más limitado de los hogares.
En este contexto, el precio pierde peso como único argumento y cobra mayor importancia el valor percibido. Las empresas buscan justificar por qué determinado producto merece ocupar un lugar dentro de un presupuesto donde cada gasto es analizado con mayor detenimiento.
La “bolucompra” aparece así como una expresión de un consumo más restringido, pero no completamente resignado: los hogares recortan en algunos rubros, buscan alternativas y preservan aquellos pequeños gastos que consideran que todavía pueden permitirse.