Beltramino —quien nació en la provincia de Santa Fe, según varios medios— comparte con Peretti la dirección de esta ópera prima, que también es un proyecto muy personal para el actor: no solo dirige, sino que además escribió el guion y protagoniza la historia.
La trama es íntima y existencial: Peretti interpreta a Juan Debré, un actor que, tras recibir un diagnóstico terminal, decide escapar a Bruselas, la ciudad ligada al personaje de cómic de su infancia. Allí su vida dará un giro inesperado al cruzarse con tres jóvenes que lo arrastran a un conflicto real, profundo y transformador.
Otro aspecto destacado es la forma de financiar la película: no recurrieron a subsidios estatales ni a grandes estudios, sino que la producción se concretó a través de 10.190 socios de la Comunidad Orsai, un modelo colaborativo impulsado por el escritor Hernán Casciari. Este mecanismo le permitió a Peretti y Beltramino una libertad creativa poco común, según sus propias palabras.
La elección de Beltramino como codirector no es casual: su vínculo con Peretti viene de años y su formación como director se combina con una mirada muy autoral. Para Beltramino, dirigir junto a Peretti es la concreción de un sueño: sus raíces santafesinas se ven reflejadas en el orgullo de participar de un proyecto tan ambicioso.
“El entendimiento fue espectacular; fue muy fácil trabajar juntos”, dice Beltramino sobre su vínculo creativo con Peretti.
En cuanto a su estreno, la película ya generó expectativas: fue seleccionada para competir en la Competencia Latinoamericana de la 40ª edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, antes de su llegada a las salas comerciales.
En definitiva, La muerte de un comediante no solo marca el debut de Peretti como director, sino que también pone en valor el talento santafesino de Beltramino, y proyecta una forma de hacer cine más colectiva y libre, justo cuando se estrena en la ciudad que vio nacer a uno de sus directores.


