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El calvario de vivir en Santa Marta: calles intransitables y promesas incumplidas

Vecinos del barrio denuncian que tras las obras de agua las calles quedaron destruidas. Aseguran que las ambulancias no pueden ingresar cuando llueve y exigen un ripiado urgente para mejorar la conectividad.

09 de febrero de 2026


Llegar al corazón del barrio Santa Marta, en el extremo noroeste de la ciudad, se ha convertido en una odisea para sus habitantes. Gloria, una vecina que reside en la zona, describe la situación como “un milagro” cada vez que logra transitar por sus calles. El panorama se agrava drásticamente con las precipitaciones; según relatan los vecinos, apenas caen 10 o 20 milímetros de agua, las arterias se transforman en un “barrial” infranqueable que deja a la comunidad totalmente aislada.

La problemática se profundizó significativamente luego de las intervenciones realizadas para la instalación de la red de agua potable. Gloria explica que, durante las obras, se realizaron zanjas profundas que no fueron acondicionadas correctamente al finalizar. “Ahí rompieron todo”, lamenta la vecina, recordando situaciones donde automóviles particulares quedaron atrapados en el lodo sin poder salir por sus propios medios. A pesar de que recientemente pasó una máquina niveladora, la solución fue apenas un paliativo temporal que no resuelve el problema de fondo.

La intransitabilidad de las calles tiene consecuencias críticas para la salud y el bienestar de la población. Los vecinos denuncian que el servicio de emergencias no puede ingresar al barrio en días de lluvia. Gloria citó casos desesperantes, como el de una vecina que debe realizarse diálisis y no recibió sus insumos a tiempo, o el de un niño recién operado que no pudo ser asistido por su doctora porque el vehículo de la profesional no lograba avanzar por el estado del terreno. “La gente no puede entrar con los autos”, subraya con indignación.

El reclamo de la comunidad es claro: no exigen asfalto de lujo, sino un trabajo de mantenimiento serio que incluya el levantamiento de la calzada y un ripiado efectivo. Señalan que arterias como Florencia Fernández y Santa Cruz son las más transitadas, incluso por camiones, pero a la vez las más olvidadas por la gestión municipal. Miguel, otro vecino que vive hace 74 años en el barrio, coincide en que se sienten postergados, ya que ven cómo se arreglan otras zonas mientras la suya permanece en un estado “desastroso”.

A la crisis de infraestructura se le suma una creciente ola de inseguridad que azota a Santa Marta. Los vecinos relatan hechos constantes de arrebatos, principalmente de celulares, mochilas y bicicletas. Gloria recordó un episodio violento ocurrido recientemente en la puerta de su propia casa, donde delincuentes apuntaron a una joven para robarle su teléfono. Aunque reconocen que la iluminación LED ha mejorado levemente el entorno, advierten que la falta de patrullaje y las dificultades de acceso para la policía hacen que el barrio sea una “zona liberada”.