En una reciente entrevista, el obispo de San Justo, Eduardo García, lanzó un duro diagnóstico sobre la penetración del crimen organizado en los barrios más vulnerables. Bajo la premisa de claridad informativa y rigor periodístico, el prelado denunció la consolidación de un “narcoestado paralelo” donde la droga se ha convertido en el principal punto de referencia ante la falta de instituciones.
La desprotección de las infancias y la ausencia estatal
García alertó que la edad de inicio en el consumo de sustancias ha descendido drásticamente. “Cuando el chico de nueve años empieza a fumarse un porrito, lo hace por ignorancia”, explicó, vinculando este fenómeno directamente con la falta de contención desde la primera infancia.
Para el obispo, la intervención oficial es reactiva y burocrática. “Ese chico tendría que estar en una salita de tres, tendría que estar documentado. ¿Dónde está el Estado antes? El Estado ataja después el problema”, cuestionó, subrayando que muchas veces es la propia comunidad la que debe hacerse cargo de situaciones de desprotección total, como el destino de menores tras operativos policiales en búnkeres.
El rol de la comunidad: Colegio, Club y Capilla
Frente a la realidad de “la calle, la cárcel y el cementerio”, la Iglesia y las organizaciones barriales impulsan el modelo de las “tres C”: Colegio, Club y Capilla. Esta red busca ofrecer espacios de socialización, valores y contención para romper el círculo de la exclusión.
Hogares de Cristo: Dispositivos que trabajan desde hace 18 años en la recuperación de adicciones y asistencia a personas en situación de calle o con discapacidad.
Integración vital: No solo se busca la desintoxicación, sino la reincorporación al mundo laboral mediante panaderías y frigoríficos autogestionados.
Educación: El obispo destacó la creación del profesorado Papa Francisco, donde cientos de jóvenes buscan “salir del barro” a través de carreras como Enfermería y Enseñanza Primaria.
