El gobierno de Estados Unidos presentó un plan destinado a reactivar la producción y comercialización de petróleo de Venezuela, que contempla un retiro parcial y focalizado de las sanciones económicas que durante años limitaron la exportación de crudo y derivados. La iniciativa apunta a reinsertar el petróleo venezolano en los mercados internacionales, bajo un esquema de supervisión directa por parte de Washington.
Según informó el Departamento de Energía estadounidense, la flexibilización de sanciones se concentrará exclusivamente en el sector energético y comenzará de manera inmediata. En una primera etapa, se prevé la venta de entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo, con operaciones que podrían continuar de forma indefinida siempre que se ajusten a los canales autorizados y a los criterios de seguridad nacional de Estados Unidos.
Uno de los puntos centrales del nuevo esquema es el control de los ingresos generados por las exportaciones. De acuerdo con el anuncio oficial, los fondos obtenidos por la venta de petróleo y productos derivados serán depositados inicialmente en cuentas controladas por Estados Unidos en bancos internacionales de primera línea. El objetivo declarado es garantizar la trazabilidad y el uso transparente de los recursos, en contraste con los mecanismos utilizados en años anteriores.
El presidente estadounidense, Donald Trump, señaló que esta medida permitirá reorganizar el flujo del crudo venezolano hacia mercados formales, luego de un período en el que gran parte de las exportaciones se realizaron a través de intermediarios o destinos alternativos para eludir las sanciones vigentes.
El plan también incluye autorizaciones técnicas para recuperar la capacidad productiva de la industria petrolera venezolana, afectada por años de desinversión y deterioro operativo. En ese sentido, Estados Unidos habilitó la importación de equipos, repuestos y servicios destinados al mantenimiento y modernización de campos petroleros, lo que permitirá la participación de empresas energéticas estadounidenses y de otros países.
Otro aspecto clave es el envío de crudo liviano estadounidense a Venezuela para su utilización como diluyente, con el fin de mejorar la calidad del petróleo pesado y extrapesado que predomina en las reservas del país sudamericano y facilitar su procesamiento y transporte.
Además, el acuerdo incorpora compromisos vinculados a la infraestructura eléctrica venezolana. El Departamento de Energía advirtió que la red eléctrica se encuentra en estado crítico y que la generación nacional cayó más de un 30% en los últimos años, una situación que impacta directamente en la producción energética. Por ese motivo, se prevén acciones orientadas a mejorar el sistema eléctrico como condición necesaria para sostener la recuperación del sector.
Desde Washington indicaron que la implementación del plan será evaluada de manera continua y que podría ajustarse en función de la evolución política y económica de Venezuela. Bajo este esquema, solo las operaciones expresamente autorizadas por Estados Unidos serán consideradas legales, mientras que cualquier intento de evasión quedará sujeto a nuevas sanciones.
Con esta estrategia, Estados Unidos busca reactivar el comercio energético regional y contribuir a la recuperación de una infraestructura considerada clave para la economía venezolana, bajo un marco de control financiero y regulatorio estricto.


