A nueve meses del inicio de las obras en Avenida Juan José Paso, la paciencia de los vecinos y comerciantes de la zona parece haber llegado al límite. Tras la colocación de un nuevo caño el pasado 26 de diciembre, que implicó la rotura y reparación de una pérdida anterior, una nueva filtración ha vuelto a inundar la calzada, sin que hasta el momento se registre presencia de operarios para solucionarlo.
Nidia y Romina, comerciantes afectadas, expresaron su indignación ante el móvil de prensa. “Desde el 26 de diciembre, cuando instalaron el caño, no aparecieron más. Rompieron y supuestamente lo arreglaron, pero ahora estamos con este problema de vuelta. Nos dijeron que la tierra tenía que asentarse por 20 días, pero si ya hay filtración, van a tener que romper todo de nuevo”, relató Nidia.
Un comercio asfixiado por la obra
La situación no solo afecta la infraestructura vial, sino que impacta directamente en la economía de los negocios frentistas. “Hace nueve meses que estamos con esto. Somos comerciantes, nadie nos ayuda, tenemos que seguir pagando alquileres y ya estamos ‘repodridos’. Hace mucho tiempo que venimos reclamando y no tenemos respuesta”, explicó Romina, visiblemente cansada.
Las comerciantes describen un panorama desolador: acumulación de mugre, proliferación de roedores y una caída sostenida en las ventas debido a la dificultad de acceso y circulación. “Estamos juntando de a poquito para el alquiler. Si no pagás, te echan. Pero acá no entra nadie, estamos aislados”, agregaron.
Caos vehicular y falta de señalización
Otro punto crítico del reclamo es la seguridad vial. Según el testimonio de las vecinas, la zona se ha convertido en una trampa para conductores y peatones. “Esto es tierra de nadie. No hay señalización de que la obra está parada o de los desvíos. Los autos vienen en contramano, las motos se cruzan por cualquier lado para no dar toda la vuelta. Las ambulancias, cuando vienen de emergencia, tienen que maniobrar para salir por Zavalla”, detallaron.
A esto se suma la falta de control por parte de inspectores municipales o agentes de tránsito. “No hay nadie controlando. Pasan como quieren, a la velocidad que quieren. Es un desastre y un descontrol total”, sentenció Romina.

Oscuridad e inseguridad
Al problema de la obra se le añade la falta de iluminación adecuada. Si bien se instalaron algunas luces, las comerciantes aseguran que por la noche la zona queda en penumbras, generando un corredor de inseguridad que ahuyenta a los clientes y atemoriza a los vecinos. “Es una boca de lobo. La gente tiene miedo de pasar por acá atrás”, comentaron.
Hoy, ante la consulta de vecinos, operarios municipales habrían informado que la obra se retomó “ayer”, sin embargo, en el lugar no se observó movimiento alguno, lo que aumenta la incertidumbre de quienes conviven a diario con el pozo, el agua y el abandono.
“No estamos en contra de la obra, estamos a favor. Pero ya pasó mucho tiempo. J.J. Paso no es solo nuestro comercio, son todos los comercios de la avenida que estamos padeciendo esto”, concluyeron.

