La inflación comienza 2026 con señales de moderación, aunque lejos todavía de consolidar una baja contundente. Tras cerrar 2025 con un piso cercano al 3% mensual y cuatro aceleraciones consecutivas, las primeras proyecciones para enero anticipan un Índice de Precios al Consumidor (IPC) en torno al 2,3%, lo que implicaría una desaceleración, pero no un quiebre decisivo de la barrera del 2%.
El arranque del año está atravesado por un cambio clave: el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) estrena una nueva metodología para medir el IPC, basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017/2018. Esta actualización modifica las ponderaciones internas del índice, reduciendo el peso de los alimentos y aumentando significativamente la incidencia de los servicios regulados, especialmente tarifas.
En concreto, Alimentos y Bebidas pasan a representar el 22,7% del IPC, frente al 26,96% anterior, una caída de más de cuatro puntos porcentuales. En sentido contrario, el rubro Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles salta del 9,44% al 14,5%, consolidándose como uno de los componentes con mayor impacto en la medición general.
Las primeras mediciones privadas muestran que los precios de los alimentos se mantienen relativamente contenidos, aunque con variaciones sostenidas. Relevamientos de distintas consultoras indican subas semanales similares a las de diciembre, con incrementos moderados en carnes y otros productos básicos. No obstante, la menor ponderación de este rubro diluye su efecto desinflacionario sobre el índice general.
Del lado de los servicios, enero llegó con aumentos en luz, gas y agua, con subas promedio de entre 2,5% y 4% en el Área Metropolitana. Con la nueva estructura del IPC, estos ajustes tienen ahora un peso estadístico mayor, lo que refuerza el sesgo alcista del índice, aun cuando los incrementos sean más moderados que los aplicados a comienzos de la gestión nacional.
A esto se suma que la inflación mayorista mostró una aceleración en diciembre, impulsada principalmente por el encarecimiento del petróleo y sus derivados, un factor que podría trasladarse parcialmente a los precios al consumidor en los próximos meses.
En el plano macroeconómico, los analistas advierten que el proceso de desinflación enfrenta anclas cada vez más frágiles. El tipo de cambio dejó de ser un freno tan rígido, mientras que las paritarias se alejaron de la pauta del 1% mensual: en diciembre, los salarios promediaron subas cercanas al 2,9%. El ancla fiscal aparece como el principal sostén del programa, con el objetivo oficial de alcanzar un superávit primario del 1,5% del PBI en 2026.
En este escenario, las consultoras coinciden en que la inflación podría seguir moderándose durante el primer trimestre del año, con un promedio cercano al 2,3% mensual. Sin embargo, romper de manera sostenida el piso del 2% recién sería posible en la segunda mitad de 2026 y bajo condiciones macroeconómicas favorables.

