La góndola de la carne vacuna se ha transformado en un sector prohibitivo para muchos bolsillos santafesinos. Según relataron comerciantes del rubro a VEO Noticias, el precio del producto registra subas casi diarias, acumulando tres incrementos de entre el 2% y el 5% en tan solo la última semana. Esta dinámica inflacionaria ha provocado una caída estrepitosa en el consumo, obligando a los clientes a modificar drásticamente sus hábitos de compra en favor de alternativas más económicas.
La brecha de precios con respecto a otras proteínas es el factor determinante del cambio. Los carniceros explican que la diferencia de costo con el cerdo y el pollo es “abismal”, lo que ha derivado en un notable incremento en la demanda de estos cortes y, especialmente, de productos elaborados. “La gente se ha ido para otros cortes; vendemos mucho elaborado propio, como hamburguesas de pollo, porque la calidad es buena y el precio es mucho más accesible”, detalló una de las entrevistadas.
En cuanto a los valores de referencia que se encuentran hoy en las pizarras de las carnicerías de Santa Fe, los cortes más populares ya superan la barrera de los 20.000 pesos:
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Costilla: $22.500 el kilo.
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Vacío: $23.000 el kilo.
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Pulpas especiales: $21.800 el kilo.
Ante este escenario, los comerciantes admiten que están “bastante cascoteados” y que han debido implementar estrategias para no perder a su clientela. Entre las medidas más comunes se encuentran la reducción al mínimo de los márgenes de ganancia y la aplicación de descuentos de hasta el 10% para compras realizadas en efectivo. A pesar de la crisis, los carniceros coinciden en que no pueden resignar calidad: “La gente, si gasta un peso, no quiere que la carne sea un chicle; busca algo bueno aunque compre menos cantidad”.
Finalmente, el sector advierte que el poder adquisitivo de la población ha bajado de manera “muy importante”, lo que se traduce en una merma constante en el volumen de carne vacuna despachada. Sin una estabilidad en los precios de la hacienda, los carniceros santafesinos ven con preocupación el futuro inmediato, intentando equilibrar la balanza entre ofrecer un producto premium —de animales chicos y buena terminación— y una realidad económica que empuja al consumidor lejos del mostrador.

