La salud de Marcos Imhoff, el joven de 21 años brutalmente agredido en San Jerónimo Norte, continúa siendo delicada y mantiene en vilo a toda la comunidad. Según el último parte médico brindado a Veo Noticias por la subdirectora del Hospital Cullen, Amanda Zárate, el paciente “continúa en terapia intensiva cursando el tercer día posoperatorio de cirugía de craneoctomía descompresiva, en asistencia respiratoria mecánica y con requerimiento de vasopresores. Pronóstico reservado”.
Imhoff fue sometido a una compleja intervención neuroquirúrgica luego de ingresar al nosocomio con un severo traumatismo de cráneo como consecuencia de una golpiza cuyas circunstancias aún no fueron esclarecidas. Desde entonces, permanece conectado a un respirador y bajo estricta vigilancia médica, mientras los profesionales evalúan su evolución hora a hora.
En paralelo al seguimiento sanitario, la investigación judicial avanza, aunque con más dudas que certezas. Se tomaron entrevistas, se relevaron datos y se dispuso un monitoreo permanente del estado de salud del joven, clave para el avance de la causa. Sin embargo, el rompecabezas sigue incompleto: no está claro qué ocurrió, cómo se produjo la agresión ni en qué contexto se desató el violento episodio.
Hasta el momento, no hay personas detenidas ni imputadas formalmente. La causa fue caratulada de manera provisoria como “Lesiones Graves” y quedó a cargo de la Unidad Fiscal de Esperanza, que ordenó la intervención del Distrito de la Policía de Investigaciones (PDI) para profundizar las diligencias y reconstruir los hechos.
Uno de los principales obstáculos para la pesquisa es el delicado estado de la víctima. Los investigadores esperan que una eventual mejoría permita obtener el testimonio directo de Imhoff, considerado fundamental para esclarecer lo sucedido y avanzar con definiciones concretas en el plano judicial.
Mientras tanto, en San Jerónimo Norte crece la preocupación y la angustia. En una localidad donde todos se conocen, el hermetismo alrededor del caso genera inquietud. Nadie habla con certeza, nadie logra explicar qué pasó realmente. Solo hay una verdad irrefutable: un joven de 21 años lucha por su vida en una cama de terapia intensiva y un hecho de violencia extrema permanece, por ahora, sin respuestas.

