La Federación de Cooperadoras Escolares, representada por Ivana Pintos y Mónica Morel, expresó su profunda alarma ante la creciente ola de hechos delictivos que afectan a los establecimientos educativos en Santa Fe y la región. Según indicaron, la situación no solo implica la pérdida de recursos materiales, sino que afecta directamente el bienestar de los alumnos y sus familias.
El impacto en la comunidad educativa
Desde la Federación señalaron que el daño trasciende lo económico. “No es solamente la falta del material didáctico que tienen en la escuela, sino también el esfuerzo que hicieron para poder conseguirlo”, explicaron durante la entrevista.
A esta problemática se suma el nivel de violencia y vandalismo que suele acompañar a los ingresos ilegales. Las referentes destacaron que los daños en infraestructuras clave, como los comedores escolares, dejan a los niños sin servicios básicos como la copa de leche o el almuerzo diario.
Pedido de medidas de seguridad y diálogo
Ante este panorama “desolador”, las representantes de las cooperadoras escolares solicitaron la reactivación de las mesas de diálogo con las autoridades provinciales. Recordaron que, a través del Fondo de Asistencia Educativa (FAE), anteriormente mantenían una comunicación fluida con los ministerios de Seguridad y Educación.
“Tenemos que trabajar todos, tenemos que poner cada uno de nosotros para que esto no vuelva a suceder”, manifestaron, subrayando la importancia de la participación de los vecinos y cooperadores en la custodia del entorno escolar.
Falta de contacto con el Ministerio
Respecto a la relación con la gestión actual, la Federación denunció una falta de respuesta por parte del Ejecutivo provincial. Aseguraron que desde el inicio de la gestión han tenido un solo contacto con el Ministerio de Educación y que, desde entonces, no se han establecido nuevos canales de comunicación para coordinar inversiones en dispositivos de seguridad o intervenciones institucionales.
Finalmente, resaltaron el rol fundamental de los cooperadores, quienes realizan un esfuerzo constante para reponer lo robado, aunque lamentaron que muchas familias aún no dimensionan la gravedad de los perjuicios que estos hechos causan en el trayecto educativo de los niños.
