La sentencia se conoció tras seis jornadas de debate en las que se presentaron pruebas, registros fílmicos, pericias y testimonios que acreditaron la responsabilidad penal del acusado.
La abogada querellante Mariana Oroño, representante de varios de los cadetes, había anticipado antes de la resolución que “los elementos estaban dados para lograr una condena a perpetua”. Según remarcó, la evidencia incorporada –planimetrías, fotografías y grabaciones de cámaras– demostraba que Kunz cometió un homicidio criminis causae, seguido de privación ilegítima de la libertad y tentativa de homicidio contra algunos de los estudiantes.
Respecto de la declaración de Kunz durante el proceso, Oroño la calificó como “inverosímil y frustrante para las víctimas y sus familias, que esperaban respuestas tras más de tres años de silencio”. Además, recordó que el acusado había intentado fugarse en plena investigación, intercambiando identidades con su hermano, lo que consideró “una muestra de falta de respeto hacia la Justicia y hacia las víctimas”.
El fiscal Estanislao Giavedoni, en tanto, sostuvo que el crimen fue planificado. Afirmó que Kunz sabía que el vehículo solía detenerse en un comercio de la Ruta 1 y eligió ese lugar y momento para ejecutar el ataque.
En su alegato, el funcionario judicial reconstruyó la secuencia de los hechos: “Cuando Walesberg y los diez cadetes ya habían subido al vehículo, Kunz ingresó por la puerta del acompañante y atacó intempestivamente al conductor. Lo apuñaló en el cuello y en el rostro, provocándole la muerte en el momento”.
Tras el homicidio, el agresor intentó asesinar a cuatro de los cadetes, causándoles múltiples heridas. Otros tres lograron escapar y pedir ayuda, mientras que los siete restantes fueron privados de su libertad y obligados a continuar la marcha bajo amenazas durante cinco kilómetros, hasta que la policía interceptó el vehículo y detuvo a Kunz.

