Los vecinos de barrio Adelina Oeste en Santo Tomé (mencionado habitualmente como Adelina Huerta) conviven desde hace años con deficiencias crónicas en el suministro de agua corriente: baja presión, turbiedad y cortes imprevistos forman parte de una rutina naturalizada. Sin embargo, la situación tocó un extremo alarmante en las últimas horas a raíz de una grave falla en la sanidad del servicio y en el posterior operativo de contingencia municipal.
A través de su página web, el municipio santotomesino notificó de forma escueta que el agua de red se encontraba contaminada con una bacteria. Para desinfectar las cañerías, las autoridades programaron un corte total de más de 24 horas con el fin de realizar tareas de “hiperclorización”, instando a los damnificados a inscribirse a través de una línea de WhatsApp para recibir bidones de agua potable en sus domicilios.
Carolina, una vecina del barrio que padece de cerca las consecuencias de la falta de suministro, relató la odisea: “Tengo un nene con discapacidad que tiene incontinencia y hay que bañarlo cuatro o cinco veces por día. Por mis circunstancias, más allá de lo que todos necesitamos, pedí el agua”. La respuesta llegó horas más tarde con la entrega de 10 bidones de 5 litros cada uno. Sin embargo, el alivio duró segundos.
“Tenían bichos y un gusanito flotando”
Al recibir el cargamento, a la mujer le llamó la atención que los envases carecieran de etiquetas informativas, marcas comerciales o precintos de seguridad que garantizaran su origen. “Estaban como si estuvieran reutilizados, la tapa estaba apenas cerrada”, describió.
Al ingresar los botellones a la vivienda, su hija le advirtió que el contenido presentaba anomalías visibles a simple vista. “Cuando los fui a ver, los bidones estaban sucios, tenían bichos, había un gusanito flotando y tenían como si fuera tierra. Nos mandaron el agua toda sucia”, denunció con indignación la vecina, quien procedió a registrar el hecho mediante fotos y videos para asentar el reclamo legal.
Ante el desesperante panorama de estar sin agua de red y recibir asistencia contaminada, Carolina debió recurrir a sus propios recursos económicos: “Además de pagar el agua todos los meses como hacemos, tuve que ir y comprar agua por mi cuenta para poder vivir hasta que vuelva el servicio”.
Desidia de comunicación y acusaciones de “sabotaje”
La damnificada criticó con dureza los canales de comunicación de la Municipalidad, advirtiendo que la mayoría de los vecinos del sector ni siquiera estaban enterados del corte ni del peligro bacteriológico por no tener acceso a la web oficial. “Si la Municipalidad va a cortar el agua en cierta zona, tendría que repartir agua a todos los vecinos de oficio, no esperar a que uno se informe en la página y la pida por WhatsApp”, reclamó.
Al intentar canalizar la denuncia por vías institucionales, se topó con una pared de burocracia y respuestas nulas. Tras comunicarse con la Defensoría del Pueblo, le informaron que el organismo no posee competencia directa sobre los servicios municipales por ser de órbita provincial, por lo que debió derivar el trámite al Ente Regulador de Servicios Sanitarios (ENRES) y a la propia Municipalidad, desde donde la respuesta hasta el momento fue “cero absoluto”.
Lejos de asumir la responsabilidad por la falta de control bromatológico en el agua repartida, la respuesta política sumó tensión al conflicto. Según manifestó Carolina, voceros vinculados al gobierno local deslizaron que la denuncia era falsa y que los propios vecinos habían ensuciado los bidones para perjudicar la gestión: “Están diciendo que lo habíamos hecho a propósito. ¿Qué gano yo con hacer esto? Si vos me mandás un agua nueva, precintada y cerrada, no tendría por qué poder abrirse ni sembrarse nada. Soy una vecina como cualquier otra”.
El abandono generalizado de los barrios periféricos
Para los habitantes de Adelina Oeste, el escándalo del agua con larvas es solo la punta del iceberg de un estado de abandono estructural que se arrastra desde hace años y que afecta la salud pública y la transitabilidad.
A las deficiencias del agua potable —que según describen “siempre sale turbia y sucia”— se le suman severas fallas en el resto de los servicios esenciales que dependen de la intendencia. “Esto se enmarca en los problemas del barrio en general: las calles están completamente intransitables y hay basura acumulada por todos lados porque la recolección no se hace como debe ser. Uno lamentablemente se malacostumbra a vivir en la mugre”, concluyó la vecina con profunda resignación.

