La captura de Nicolás Maduro por parte de fuerzas de Estados Unidos introdujo un nuevo factor de incertidumbre en el mercado petrolero internacional y reavivó las especulaciones sobre el futuro del precio del crudo. En ese contexto, Vaca Muerta aparece como una de las áreas que podría verse beneficiada —o limitada— según cómo evolucione el escenario global en las próximas semanas.
El arresto del mandatario venezolano, confirmado el 3 de enero de 2026, se produjo en medio de una coyuntura adversa para el sector: los precios del Brent y del WTI vienen de cerrar 2025 con la mayor caída anual desde 2020 y operaban en torno a los 60,76 y 57,30 dólares por barril, respectivamente. Sin embargo, el recrudecimiento del conflicto entre Washington y Caracas podría alterar ese equilibrio.
Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, pero su producción actual ronda apenas los 1,14 millones de barriles diarios, muy lejos de su potencial histórico. Aun así, cualquier alteración adicional en su oferta puede modificar expectativas en un mercado sensible a los riesgos geopolíticos, especialmente si se combina con la estrategia de contención productiva de la OPEP+.
En ese marco, los analistas delinean tres escenarios posibles para el precio del petróleo y su impacto indirecto sobre Vaca Muerta, que cerró 2025 con un año récord en actividad, con cerca de 100.000 etapas de fractura acumuladas.
El primer escenario es el de una suba brusca de precios, impulsada por un shock de oferta. Podría darse si la crisis deriva en daños a la infraestructura petrolera venezolana o en un corte significativo de exportaciones. En ese caso, el barril podría escalar con rapidez y generar un fuerte incentivo para acelerar inversiones en Vaca Muerta, con mayor perforación, expansión del fracking y avances en proyectos que hoy se encuentran en evaluación.
Un segundo escenario contempla una suba gradual y sostenida, sin interrupciones inmediatas de suministro, pero con una prima de riesgo geopolítico persistente. En este contexto, Vaca Muerta podría consolidar un crecimiento más ordenado, con inversiones sostenidas en perforación y completación, favorecidas por precios algo más altos y un horizonte de mayor previsibilidad para el financiamiento.
El tercer escenario apunta a una estabilidad relativa de los precios, si los mercados consideran que la producción venezolana es sustituible y que el impacto del conflicto será acotado. Con el Brent y el WTI cerca de los valores actuales, el desarrollo de Vaca Muerta continuaría bajo parámetros más conservadores, apoyado en la eficiencia operativa y en las condiciones locales, sin un salto significativo en el ritmo de inversiones.
Más allá del escenario que finalmente se imponga, la situación refuerza el lugar estratégico de Vaca Muerta en el mapa energético regional. La evolución del conflicto en Venezuela, la respuesta de la OPEP+ y la resiliencia de la oferta global serán claves para definir si la formación neuquina se convierte en uno de los principales beneficiarios de la nueva etapa de incertidumbre en el mercado petrolero mundial o si mantiene un sendero de crecimiento más gradual.

