La situación del transporte público de pasajeros sigue sumando capítulos de conflicto en la ciudad de Santa Fe. En esta oportunidad, los habitantes de barrio El Pozo manifestaron su profunda preocupación y enojo por las deficiencias que presentan las líneas 2 y 9, las dos principales vías de conectividad con las que cuenta el distrito.
“Yo creo que toda la ciudad está preocupada por el tema de los colectivos”, señaló Orlando, vecino de la zona, en diálogo con el móvil. El entrevistado calificó el panorama actual como “vergonzoso” y apuntó contra el Ejecutivo municipal por la falta de controles: “Hacen lo que se les da la gana, no circulan con la frecuencia que deberían y el Departamento Ejecutivo Municipal no hace absolutamente nada”.
Como reflejo de esta situación, Orlando mencionó un dato alarmante: “Un colectivo tenía más de 100 multas. ¿Quién sería el irresponsable que manejaba un colectivo con 100 multas pudiendo matar gente? Y no se lo identifica si se quiere”.
Ante la falta de respuestas institucionales, las acciones vecinales escalaron al plano formal. “Yo personalmente hoy presenté una nota formal a la Municipalidad con patrocinio letrado solicitando que se solucione esto inmediatamente”, anticipó el vecino, argumentando que el ordenamiento jurídico que declaró la emergencia en el transporte hace dos años ya venció. “Al haberse vencido la emergencia, deberían ajustarse a las normativas vigentes, a las ordenanzas que establecen la frecuencia. Merecemos que se cumplan las ordenanzas”.
Unidades en “pésimas” condiciones y esperas de más de una hora
Al ser consultado sobre el estado del parque automotor de las empresas prestatarias, el diagnóstico fue tajante: “Pésimas. No sabemos a qué hora va a pasar un colectivo con acceso para discapacitados; no sabemos si quiera a qué hora van a pasar los colectivos, eso es básico”.
Según el relato del vecino, las demoras en las paradas exceden largamente lo tolerable, registrándose esperas que en ocasiones “tardan más de una hora”. El panorama se vuelve aún más complejo durante la franja nocturna, momento en el que, según denunció, “casi no se ven los colectivos” en las calles del barrio.
Arreglos viales que “duran como la manteca en la boca del perro”
Además del transporte, la infraestructura vial del barrio fue objeto de duras críticas. Orlando graficó el malestar generalizado respecto a la calidad de los bacheos y reparaciones que se ejecutan en las carpetas asfálticas. “Las reparaciones que se hacen en las calles dan lástima, duran como la manteca en la boca del perro”.
El vecino puntualizó que muchas de las roturas se originan por trabajos en la red cloacal que luego quedan mal compactados. “Tienen que rehacer las roturas que hacen en el pavimento para los problemas cloacales. Duran muy poco y nada, se hunde el pavimento en la parte que han reparado”. Como contrapartida positiva, rescató que los trabajos de repavimentación realizados sobre la arteria principal, Laureano Maradona, “se ven que ahora han quedado como la gente”, aunque advirtió que la situación es muy distinta en las calles internas donde las tareas no se completaron adecuadamente.
Por el contrario, el vecino se mostró conforme con el servicio de alumbrado público en el sector sur del barrio, señalando que ante el agotamiento de una luminaria la respuesta municipal para su reemplazo demoró menos de 24 horas.
Inseguridad y problemas de convivencia: el pedido por el descanso
Finalmente, el tema de la seguridad y la convivencia urbana completó el mapa de reclamos. “Hay varias quejas de vecinos que están quejándose por la inseguridad”, alertó Orlando, quien trazó un paralelismo con otros operativos locales al cuestionar que “no puedan desalojar dos asentamientos irregulares como el que hay en el extremo noroeste y sureste” del barrio.
El referente barrial diferenció la realidad de los vecinos trabajadores y de aquellos que “se la rebuscan cirujeando, changueando o cortando pasto”, de un sector minoritario vinculado al delito o a comportamientos problemáticos. “Hay mucha gente que se dedica a la droga, violenta, que no condice sus hábitos de vida con los del resto de la comunidad”, lamentó, haciendo especial hincapié en los ruidos molestos. “Ponen el volumen de la música a altas horas de la noche. Los que trabajan necesitan descansar, el ciudadano común que trabaja de día necesita descansar a la noche”, concluyó con firmeza.

