A poco más de un mes de la implementación de la rotonda en el cruce de las avenidas Gorriti y Bernardo de Irigoyen, en el norte de la ciudad de Santa Fe, los vecinos mantienen su preocupación. Si bien reconocen que la obra ordenó parcialmente el tránsito, aseguran que la solución definitiva eran los semáforos debido a la alta velocidad y la siniestralidad que persiste en la zona.
Walter, vecino del barrio, explicó en diálogo con VEO Noticias que la comunidad había juntado firmas y realizado múltiples pedidos a las autoridades para la semaforización de esa esquina crítica. “Pasaron muchos políticos prometiendo el semáforo, que es lo que necesitamos para reducir drásticamente los accidentes”, señaló.
Choques y traslados a hospitales
A pesar de la nueva infraestructura, la violencia vial no cesa. Según relató el entrevistado, en las últimas horas se registró un nuevo siniestro de gravedad. “Anoche hubo un episodio que terminó con un paciente en el hospital Iturraspe y otro en el Cullen debido a las lesiones”, detalló Walter, quien trabaja en el sistema de salud y conoce de cerca las consecuencias de estos impactos.
Los vecinos observan que, aunque hubo una merma en los choques entre automóviles (que antes se bloqueaban el paso mutuamente en el medio de la calzada), los accidentes que involucran a motociclistas siguen siendo frecuentes. “Ayer y antes de ayer ocurrieron accidentes entre moto y auto, y derrapes”, agregó.
Desconocimiento y exceso de velocidad
El principal problema detectado por los habitantes del lugar es la imprudencia y la falta de educación vial. Muchos conductores desconocen que quien circula por la rotonda tiene la prioridad de paso. “La gente no sabe usarla. Hubo un accidente con un papá que llevaba a su nene; él creía que por ir en la arteria principal tenía paso, pero la prioridad es de quien está girando”, explicó el vecino.
A esto se suma el exceso de velocidad en los 500 metros previos al cruce. Según los testimonios, los vehículos no respetan las máximas de 40 o 60 km/h. Además, denuncian que las motos esquivan los topes reductores y pasan de largo, generando situaciones de peligro extremo, especialmente frente al tránsito pesado y las líneas de colectivos que circulan por ambas avenidas de doble mano.

