Roberto, uno de los frentistas afectados, explicó que la situación en su vivienda se complica cada día más: “Está mala, porque no vienen a trabajar los de agua, estamos reclamando y no vienen. Tienen que venir a ver si hay alguna pérdida o tapar, pero no nos podemos comunicar con ellos, no nos atienden”.
En la vereda de su casa, una cámara había sido reemplazada recientemente, aunque el problema persiste: “La cambiaron, trajeron una más grande, pero no sé si pierde también. Siempre arreglan y al otro día vuelve a aparecer agua en la cámara”, relató.
El hundimiento de la vereda se suma a los inconvenientes, producto de un posible colapso en el desagüe pluvial. Según Roberto, la municipalidad fue notificada en reiteradas oportunidades, pero aún no brindó una respuesta concreta: “Insistimos un montón de veces, presentamos notas y no vienen a arreglarlo. Están los dos tapados. Cuando llueve el agua no se va y después se amontona”.
En paralelo, los trabajos en la esquina generan expectativas, aunque los vecinos advierten que no están finalizados: “Había caños viejos y los cambiaron, pero queremos ver ahora porque la última vez que vinieron quedó una pérdida. Hace un mes que no se trabaja en la ochava”.
Las consecuencias impactan directamente en la vida cotidiana de los habitantes del barrio: olores nauseabundos, acumulación de agua y calles en mal estado. “No podemos vivir con toda esta mugre. El desagüe cloacal despide un olor impresionante y ahora todo esto está lleno de agua de cloaca”, cerró Roberto, visiblemente molesto.
