Viene siendo una semana muy irritante para Javier Milei. El presidente primero quedó como árbitro de las piñas digitales entre Santiago Caputo y Martín Menem. Después, en distintas reuniones y llamados que tuvo desde Olivos, debió atender asuntos que lo aburrieron sobremanera, vinculados al devenir electoral. Al presidente le explicaron que se está haciendo difícil juntar los votos para su proyecto de reforma política, que busca derogar las PASO. El PRO y los gobernadores hoy no encuentran incentivos para ayudar al Gobierno en esa ingeniería electoral, que perjudica a la oposición.
En el medio, y a contramano de sus máximas económicas, Milei tuvo que salir a explicar por qué la inflación mayorista -que se aceleró a 5,2% en abril- esta vez no actuará como predicción de los precios al consumidor. El Gobierno ahora apuesta todo al repunte de la actividad económica (esta tarde se conocerá el dato de marzo). Ya lo dijo Luis Caputo, en una de las declaraciones más relevantes de las últimas horas: hay que mejorar la recaudación porque “seguir generando superávit vía ajuste ya es muy difícil”.
Si alguna vez el presidente confió en que una mejora en la percepción de la marcha en la economía combinada con una reforma electoral le abrirían un camino sin sobresaltos a su reelección presidencial, con toda la tropa violeta ordenada detrás de él, esa imagen se le empezó a escurrir en las últimas horas.
Fue otra semana en el pantano para el Gobierno. “La interna y lo electoral son una paja para Javier. Él no quiere esto… Él quiere economía y recibir premios por el mundo”, resumió un colaborador de diálogo directo con el mandatario.
Probablemente, el único momento de placidez que tuvo Milei fueron esos 90 minutos frente a los alumnos en la Universidad de San Andrés, en donde dio lecciones de economía, como antaño. La escena se asemejó a la vida que proyecta para cuando vuelva al llano, un futuro que, por momentos, parece querer acelerar. En esos contextos, se siente bien. Es cuando se autodefine como “uno de los tres tipos más conocidos del mundo”.
Durante el fin de semana, el jefe de Estado miró atónito como su “hermano” del alma y el principal alfil de su hermana de sangre se peleaban a muerte en el foro de Elon Musk. La red social X es el hábitat presidencial y no pudo mirar para otro lado.
De hecho, se interiorizó sobre todos los pormenores de la cuenta Periodista Rufus. Leyó con atención cada uno de los indicios que “los pibes” encontraron en los tuits para demostrar que detrás del usuario anónimo estaría Martín Menem o alguien de su primer anillo. Miró esos “dedos marcados” que exhibieron los miembros de Las Fuerzas del Cielo. La utilización de cuentas secundarias o seudónimos para decir barbaridades es una materia que ellos conocen bien.
El lunes, en tanto, Milei recibió en el chat del gabinete la explicación de Menem. El titular de Diputados explicó que su community manager, en un descuido, compartió un link en grupos de WhatsApp perdiendo el control sobre su posterior circulación en redes sociales.
Si en su fuero íntimo, en algún momento, el presidente realmente creyó que Rufus era el mismísimo Menem eso no pudo generarle más que desasosiego: ese “principio de revelación” sobre el titular de Diputados hubiera implicado confrontar con Karina.
Finalmente, Santiago Oría le dio una salida a su tormento. Le exhibió un video para mostrarle que era posible montar una zancadilla digital para vincular la cuenta de X con el usuario de Menem en Instagram. Esa pieza del camarógrafo oficial (que a esta altura está claramente encolumnado detrás del kari-menemismo) le dio al mandatario una teoría conspirativa perfecta para salir del tema.
Como siempre, Milei repartió un gesto de cariño para cada lado y trató de dejar el tema atrás. Por ahora, nada va a cambiar en el reparto de poder entre las dos facciones del Gobierno. Al video de Oría nadie lo vio. El cameraman, cada vez más prolífico en X (y con ambición de construir, junto a Lilia Lemoine, una banda tuitera obediente), no lo compartió.
Todo lo que pasó, sin embargo, habilitó a los celestiales a expresar lo que, por miedo a la guillotina, callaron por mucho tiempo. Santiago Caputo no lo dijo con todas las letras, pero por él hablaron los influencers de Carajo y un tuitero muy relevante para el asesor presidencial, Lucas “Sagaz” Luna. “Su mayor preocupación es la acumulación de poder propio, sin importarles si eso va en contra del Gobierno”, escribió sobre los Menem, sin nombrarlos. Y remató con un golpe bajo: “Cuando todo esto termine volverán a ser sinónimo de mala suerte”.
En paralelo a la guerra tuitera, no obstante, Milei atiende un problema más de fondo entre las dos facciones de su plantel. Entre ambos sectores internos no hay solo rencores o una cuestión de piel: al igual que en 2025, los Menem y Caputo difieren sobre la estrategia política.
Así, el presidente, de un lado, escucha a interlocutores del ala karinista que le cuentan que la instrucción del armador nacional, Eduardo “Lule” Menem, es reforzar la estructura violeta en la mayoría de las provincias para disputar las gobernaciones. Del otro lado, Caputo habla de coser acuerdos con los gobernadores aliados para asegurar el premio mayor: la reelección nacional.
Para colaborar en el Congreso, los caciques provinciales quieren garantías de que ellos también elegirán en sus distritos: si LLA compite en sus terruños, el voto de centroderecha se dividiría y le daría más chances al peronismo. Los karinistas vienen transmitiendo a distintos interlocutores políticos que serán más generosos y “flexibles” que en 2025 a la hora de cerrar acuerdos electorales, pero que son decisiones que quedarán para más adelante. Se verá si los gobernadores confían en esa promesa.
Fuente: Infobae

