El calendario marca una cifra que estremece por el peso de la ausencia: 17 años sin Natalia Acosta. La joven santafesina desapareció un 29 de mayo de 2009 en el centro de la capital provincial y, desde entonces, su paradero es un misterio absoluto. Lejos de las luces de los tribunales y con una causa judicial que hoy se encuentra paralizada, su padre, Ariel, y su hermana, Carmela, mantienen encendido el reclamo de justicia en medio de un escenario de profunda incertidumbre.
En el marco de un nuevo y doloroso aniversario, la familia mantuvo un encuentro institucional con Emilio Jatón, actual secretario de Derechos Humanos de la provincia. Si bien destacaron el acompañamiento del funcionario en la contención familiar, admitieron con crudeza la realidad del expediente: “Él busca ayudarnos, pero no tiene nada nuevo; solamente nos reunimos para recordar el momento de la desaparición”, explicaron a Veo Noticias.
Un camino de pérdidas y una causa archivada
El paso de casi dos décadas causó estragos irreparables en el seno familiar. Ariel, el padre de Natalia, sufrió durante este proceso la pérdida de su esposa, quien falleció sin poder saber qué pasó con su hija.
“Lamentablemente ella se fue sin encontrar a su hija. Quedamos muy consternados, pero nos quedamos nosotros para seguir la lucha. Hasta que aparezca, viva la queremos. Necesitamos un cierre a todo esto porque tuvimos y tenemos demasiado sufrimiento”, manifestó Ariel a Veo Noticias.
La realidad judicial de la investigación penal representa otro golpe para los Acosta. La familia confirmó que no mantienen ningún tipo de contacto con los fiscales y que la causa permanece formalmente archivada. “Se encuentra archivada porque no hay nada más por hacer, ya se tocaron todos los puntos investigativos posibles y nos quedamos sin novedades”, lamentó Carmela.
El recuerdo del último día y la sospecha de una red detrás del caso
Al rememorar el último contacto con Natalia, su hermana Carmela eligió quedarse con la luz de aquella jornada previa a la desaparición: “Fue un día 28. Salimos con mi mamá para llevarla al médico. Todo fue risas y alegría. Hoy, ver que pasaron 17 años nos deja solo incertidumbre y tristeza”.
Aunque la causa penal tuvo en su momento a una persona detenida, los familiares tienen la firme convicción de que el entramado criminal es mucho más amplio y complejo. “No sé si la persona que estuvo presa tuvo que ver directamente, los hechos en ese momento decían que sí. Pero de lo que estamos seguros es de que hay más gente detrás de todo esto“, afirmó la hermana de la joven.
La actualización de la recompensa: la última expectativa
Frente al archivo del expediente por falta de nuevas líneas de trabajo, la reciente decisión gubernamental de aumentar el monto de la recompensa económica para quien aporte datos certeros se convirtió en la principal herramienta de expectativa para los allegados.
“El tema de la recompensa es algo bueno porque puede hacer que la causa dé otro giro, que se pueda reabrir y nos permita seguir buscando sin bajar los brazos”, señaló Carmela, quien además aprovechó la oportunidad para enviarle un mensaje directo a la sociedad santafesina.
“Es muy complicado vivir así. No son dos días, son 17 años de incertidumbre, de no saber si está viva o muerta, si come, si tiene frío o calor. Si alguien sabe algo, si alguien puede aportar un dato, que lo haga. Que no tengan miedo, porque nosotros necesitamos una respuesta de una vez por todas”, concluyó de manera desgarradora.
“Se la llevó una red de trata” había denunciado su madre
Natalia Acosta desapareció del centro santafesino el 29 de mayo de 2009 cuando tenía 23 años. Fue vista por última vez en la esquina de 25 de Mayo y Suipacha. Sus familiares la buscan desde entonces sin encontrar respuestas. “Se la llevó una red de trata”, dijo durante una década su madre María Cristina Balán, que murió en 2019 sin encontrarla.
La investigación que llevó adelante el fiscal federal Walter Rodríguez determinó que la joven desapareció de la zona donde ejercía la prostitución, en la que Osvaldo Gabriel Cerri -posteriormente acusado por el delito de trata de personas-, habría sido cliente de la chica y ese día habría estado cerca de ella.
En este sentido, se detectó que las antenas de teléfono del ya fallecido en la cárcel de Las Flores y el de Acosta, estuvieron en la misma zona geográfica.
A su vez, una testigo que declaró en la causa y que acompañaba a Acosta en esa esquina, sostuvo que Cerri se había contactado con la joven previo a la desaparición.
Otro testimonio aportado en la causa federal determinó que Cerri le ofreció a Acosta trabajar en el bar Místico los días domingos. En dicho ofrecimiento Cerri había asegurado que era uno de los propietarios del club nocturno pero según estableció la pesquisa, el entonces imputado era un simple “relacionista público” del bar.
Muerto en la cárcel
Cerri estaba en prisión preventiva desde 2017 y fue procesado por el juez federal Nº 2, Francisco Miño, por el delito de “captación” contemplado en trata de personas tras considerar que el acusado llevó a cabo “actos persuasivos mediante el abuso de su situación de vulnerabilidad, engaño y coerción física con fines de explotación sexual”.
Desde ese momento permaneció en prisión preventiva hasta el 15 de abril de 2019, cuando en el anexo Nº 1 de la cárcel de Las Flores, el hombre de 58 años falleció, según estableció el médico de guardia, a causa de un paro cardiorrespiratorio.


