La violencia urbana escaló a límites dramáticos durante la mañana de este miércoles en barrio Guadalupe Oeste. Cerca de las 9:00, en la transitada esquina de Javier de la Rosa y Sarmiento, una mujer que trabajaba como repartidora fue interceptada por un delincuente encapuchado que, sin mediar palabra, le disparó a quemarropa en una pierna para sustraerle la motocicleta y darse a la fuga.
El brutal ataque a plena luz del día reavivó el estado de alerta e indignación de la comunidad, que denuncia la total desprotección y la impunidad con la que operan los delincuentes en el sector. Una vecina de la zona, quien solicitó resguardar su identidad por temor a represalias, reflejó la desesperación generalizada.
“Más que hablar de seguridad, hoy tenemos que hablar de absoluta inseguridad. No hay horario para el delito, no nos sentimos cuidados y no tenemos respaldo de ningún tipo. Esto es constante y ya no se puede vivir así”, advirtió la residente.
Un raid delictivo que no frena ni de noche ni de día
El ataque armado a la trabajadora no fue un hecho aislado. Según detallaron los propios habitantes, durante la misma madrugada previa se registraron al menos dos intentos de entradera a viviendas particulares en las inmediaciones.
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Falta de presencia policial: Los vecinos aseguran que los patrullajes son “casi nulos” y que los móviles pasan muy de vez en cuando, dejando la zona liberada.
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Robos por los techos: Advierten que los delincuentes trepan a las tapias y caminatas elevadas a cualquier hora del día para sustraer lo que encuentran en los patios.
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Horarios sin control: Los asaltos pasaron de ser un problema nocturno a ocurrir a cualquier hora de la mañana o la tarde.
“Hoy a una chica le pegaron un tiro en la pierna para robarle a las 9 de la mañana. No hay descanso ni límites”, graficaron desde la zona.
“Ya ni en el patio podemos estar tranquilos”
El temor constante modificó de forma drástica la rutina diaria en Guadalupe Oeste. Actividades tan cotidianas como salir a trabajar, hacer las compras o sacar los residuos se transformaron en momentos de máxima tensión.
“Vivimos absolutamente enrejados y con miedo. Ya ni siquiera en mi caso puedo salir a tender la ropa al patio o sacar la basura tranquila. No nos sentimos seguros en ningún momento”, concluyó la vecina.

