Irán endureció su posición en las negociaciones con Estados Unidos y advirtió que el estrecho de Ormuz no será reabierto plenamente hasta que Washington cumpla una serie de condiciones. El planteo fue formulado por Mohammad Bagher Zolghadr, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, y suma nuevas dificultades a las conversaciones destinadas a normalizar la navegación por una de las principales rutas energéticas del mundo.
Zolghadr sostuvo que el paso marítimo permanecerá cerrado hasta que Estados Unidos “corrija su comportamiento” hacia Irán. La declaración fue difundida por medios estatales iraníes y establece un conjunto de exigencias que van mucho más allá de las cuestiones vinculadas exclusivamente con la navegación.
Entre los principales reclamos aparece el pedido de poner fin de manera permanente a las acciones militares y amenazas contra Irán y sus aliados regionales, junto con el retiro de las fuerzas estadounidenses desplegadas en las inmediaciones del país.
Teherán también exige el levantamiento del bloqueo naval estadounidense, el fin de las sanciones económicas y la liberación de los activos iraníes congelados en el exterior. A esto suma el reclamo de compensaciones por los daños provocados durante la guerra.
El listado incluye además una condición política: que Washington abandone las amenazas y los agravios contra Irán. Por ese motivo, las fuentes que reprodujeron la declaración de Zolghadr contabilizaron seis condiciones, aunque algunas versiones iniciales las presentaron agrupadas en cinco grandes ejes.
Un punto clave para el comercio mundial
El estrecho de Ormuz conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y constituye una de las rutas marítimas más importantes para el transporte internacional de petróleo y gas. La crisis provocada por las restricciones a la navegación ya tuvo efectos sobre el tránsito de buques y los mercados energéticos.
La Unión Europea también cuestionó durante los últimos meses las restricciones a la navegación en la zona. En junio, el bloque sancionó a integrantes de la Guardia Revolucionaria iraní vinculados con el control del estrecho y denunció medidas que afectan la libertad de navegación.
Irán, por su parte, considera que el control del paso marítimo constituye una herramienta de presión frente a Estados Unidos y sus aliados. La Guardia Revolucionaria ha tenido un papel central en las restricciones al tránsito y en los mecanismos de autorización para los buques que intentan atravesar la zona.
Negociaciones en un punto crítico
El nuevo planteo llega mientras continúan los esfuerzos diplomáticos para alcanzar un acuerdo que permita normalizar la navegación. Las posiciones de las distintas instituciones iraníes no son completamente uniformes: mientras sectores del gobierno mantienen abierta la posibilidad de negociar, la Guardia Revolucionaria sostiene una postura más dura.
Para la administración de Donald Trump, aceptar las condiciones planteadas por Teherán implicaría realizar importantes concesiones militares, económicas y políticas. El gobierno estadounidense enfrenta además la presión derivada del impacto que la situación en Ormuz tiene sobre el precio internacional de la energía.
La declaración de Zolghadr, por lo tanto, vuelve a elevar la tensión y reduce las expectativas de una reapertura inmediata del estrecho. El futuro de las negociaciones dependerá ahora de si Washington y Teherán logran encontrar un punto de acuerdo que permita restablecer la navegación sin que ninguna de las partes abandone sus principales posiciones.