La evolución de las temperaturas del océano Pacífico encendió las alertas de los organismos meteorológicos internacionales. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) detectó una anomalía de 1,8 °C en la región Niño 3.4, un valor asociado a un episodio de gran intensidad de El Niño.
El calentamiento se extiende además por sectores del Pacífico central y oriental, donde se registraron anomalías de hasta 2,6 °C. La intensidad del fenómeno llevó a la NOAA a ampliar la escala utilizada para sus mapas de monitoreo hasta los 8 °C.
Aunque la denominación “Súper El Niño” no constituye una categoría científica oficial, especialistas utilizan la expresión para describir episodios particularmente intensos. El escenario actual genera atención por su posible impacto sobre los patrones climáticos de Sudamérica durante los próximos meses.
El calentamiento no se limita a la superficie del océano. Las temperaturas elevadas también alcanzan los primeros 300 metros de profundidad. A esto se suma la influencia de la Oscilación Madden-Julian, un fenómeno atmosférico que puede favorecer la transferencia de calor y contribuir a una mayor intensidad del episodio.
Impacto inmediato en Argentina: frío extremo, nevadas y lluvias fuera de escala
Los efectos asociados al actual patrón climático ya se observaron durante el invierno en distintos sectores de Argentina. En la Patagonia se registraron períodos prolongados de frío y nevadas intensas, especialmente en zonas cordilleranas.
La meteoróloga Cindy Fernández explicó que el invierno de 2026 presentó algunas características compatibles con un escenario de El Niño, entre ellas episodios de frío extremo y nevadas importantes en la Patagonia.
Sin embargo, los especialistas remarcan que el término “Súper El Niño” no permite por sí solo anticipar qué ocurrirá en cada región. La intensidad del fenómeno puede aumentar la probabilidad de determinados eventos meteorológicos, pero sus efectos dependen también de otros factores atmosféricos y regionales.
En Argentina, las señales más claras se concentran especialmente en el Litoral y el noreste, donde El Niño suele estar asociado con temporadas más lluviosas y una mayor frecuencia de tormentas fuertes.
Litoral y noreste bajo vigilancia: riesgo de inundaciones
Las provincias del Litoral, el noreste y el este de la región pampeana aparecen entre las zonas que requieren mayor seguimiento. El área incluye a Misiones, Corrientes, Chaco, Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires.
El escenario previsto contempla períodos de lluvias persistentes, mayor cantidad de jornadas nubladas y la posibilidad de episodios de precipitaciones intensas.
Además, la evolución de los ríos Iguazú, Uruguay y Paraná constituye otro factor de atención. Las lluvias registradas en el sur de Brasil pueden incrementar los caudales y generar condiciones favorables para crecidas en distintos sectores de la cuenca del Plata.
De todos modos, los especialistas advierten que El Niño no impacta de la misma manera en todo el territorio argentino. La señal climática suele ser más marcada en el Litoral y el noreste, donde puede favorecer una mayor cantidad de precipitaciones y tormentas.
Infraestructura y campo: desafíos ante el exceso hídrico
Un período con lluvias superiores a los valores habituales también plantea desafíos para la infraestructura urbana, los caminos rurales y la producción agropecuaria.
La capacidad para absorber y evacuar grandes volúmenes de agua dependerá, entre otros factores, del estado de los desagües, canales, alcantarillas y sistemas de drenaje. Cuando esas obras resultan insuficientes, el exceso de precipitaciones puede generar anegamientos, daños materiales y complicaciones para las actividades productivas.
En el campo, una mayor disponibilidad de agua puede resultar beneficiosa en determinadas circunstancias, pero los excesos también pueden provocar pérdidas cuando los suelos permanecen saturados durante períodos prolongados.
Otro elemento que diferencia el escenario actual es el aumento de la temperatura global. Una atmósfera más cálida puede contener mayor cantidad de humedad, lo que constituye un factor que puede potenciar las precipitaciones intensas.
Ante este panorama, especialistas destacan la importancia de mantener el monitoreo de las condiciones del Pacífico y actualizar los pronósticos a medida que avance el fenómeno. La evolución de las temperaturas oceánicas y su interacción con otros patrones atmosféricos será determinante para conocer el alcance que tendrá El Niño durante los próximos meses.