Las elecciones legislativas en Israel registraron una participación histórica del 74,3%, el nivel más elevado de los últimos 25 años. Con el 76% de los votos escrutados, el partido del primer ministro Benjamín Netanyahu logra una estrecha victoria que le otorgaría 54 escaños, aunque por el momento su bloque no alcanza la mayoría automática para garantizar la gobernabilidad.
Por su parte, la bancada opositora encabezada por Gadi Eisenkot alcanzaría las 47 bancas mediante acuerdos previos. En una Knéset (Parlamento) compuesta por 120 bancas, la clave del escenario político radica en la capacidad de negociación de cada espacio para llegar al número mágico de 61 legisladores. De no lograrse una coalición sólida, un candidato podría intentar un gobierno en minoría con apoyos puntuales o, en última instancia, el país se vería obligado a convocar a nuevas elecciones.
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Elección histórica de los partidos árabes y cruces en la jornada electoral
Un dato sobresaliente del escrutinio es la performance histórica de las agrupaciones árabes, que lograron una sólida representación parlamentaria. Durante el desarrollo de los comicios, el Comité Electoral Central rechazó una solicitud formal del partido de Netanyahu para extender el horario de votación, luego de que el propio Primer Ministro acusara públicamente a los partidos árabes de intentar “robar las elecciones”.
Se trata del primer test electoral tras la masacre perpetrada por Hamas el 7 de octubre de 2023, un hito que puso en juego la continuidad política del mandatario. Durante el fin de semana previo, plazas e instituciones israelíes fueron escenario de masivas movilizaciones populares exigiendo precisiones sobre la información con la que contaba el Ejecutivo antes del ataque.
El escenario interno frente al cuestionamiento internacional
El debate político dentro de las fronteras israelíes muestra una dinámica particular respecto de la percepción internacional. Mientras que en el plano exterior pesan pedidos de captura librados por la Corte Penal Internacional bajo acusaciones de genocidio, en el frente interno el accionar bélico en la Franja de Gaza no es calificado bajo esa figura ni se cuestiona centralmente la respuesta militar.
El foco de la crítica de la sociedad israelí hacia Netanyahu —fuertemente agudizado durante la crisis de los rehenes— no se centra en la conducción de la guerra en sí, sino en la falta de resultados definitivos para lograr el desmantelamiento operativo de Hamas y la gestión de la seguridad previa al 7 de octubre.