La segunda vuelta presidencial en Perú se encamina hacia un desenlace de máxima incertidumbre. Con más del 94% de las actas contabilizadas, el candidato de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez, logró revertir la tendencia inicial y pasó al frente en el escrutinio, superando por más de 15.000 votos a Keiko Fujimori.
Los datos difundidos por la Oficina Nacional de Procesos Electorales muestran a Sánchez con el 50,04% de los sufragios frente al 49,95% obtenido por la candidata de Fuerza Popular. La diferencia es mínima y mantiene abierta una elección que refleja la profunda polarización política que atraviesa el país.
Durante gran parte de la jornada electoral, los primeros sondeos y conteos rápidos habían otorgado una leve ventaja a Fujimori. Incluso, cuando se había procesado poco más del 86% de las actas, la candidata aparecía al frente con una diferencia cercana a dos puntos porcentuales. Sin embargo, el avance del escrutinio de regiones donde Sánchez contaba con mayor respaldo terminó modificando el escenario.
Mientras continuaba el conteo, el candidato progresista se dirigió a sus seguidores desde un balcón frente a la Plaza San Martín, en Lima, y reivindicó el resultado parcial como una señal de cambio político. En su discurso sostuvo que la jornada representaba una recuperación de la democracia y aseguró que el país estaba protagonizando un momento histórico.
No obstante, horas más tarde adoptó un tono más cauteloso y reconoció que la diferencia seguía siendo muy estrecha. “Nadie puede decir ya gané o ya perdí”, afirmó al referirse al carácter ajustado de la elección.
Por su parte, Fujimori evitó proclamarse vencedora y llamó a esperar los resultados oficiales definitivos. La dirigente sostuvo que sería irresponsable anticipar un ganador y aseguró que respetará el veredicto final de las urnas, al tiempo que pidió a sus adversarios actuar de la misma manera.
La elección enfrentó dos modelos políticos claramente diferenciados. Fujimori buscó llegar a la presidencia por cuarta vez como representante del fujimorismo, con una campaña centrada en la seguridad, el fortalecimiento de las fuerzas del orden y una agenda conservadora. Sánchez, en cambio, construyó su candidatura con el respaldo de sectores populares y rurales, impulsando propuestas orientadas a reformas económicas e institucionales.
El resultado también volvió a evidenciar la división territorial del país. Mientras los principales centros urbanos mostraron una mayor inclinación hacia opciones de centroderecha, numerosas regiones del interior y zonas rurales respaldaron mayoritariamente al candidato de izquierda.
Más allá de quién resulte finalmente ganador, el próximo mandatario enfrentará importantes desafíos. La inseguridad, la desaceleración económica y la necesidad de reconstruir consensos políticos aparecen entre las principales demandas de una sociedad que en la última década atravesó una prolongada inestabilidad institucional, marcada por sucesivos cambios de gobierno y una creciente fragmentación política.
Con una diferencia de apenas unas décimas y miles de votos aún por contabilizar, Perú permanece a la espera de un resultado definitivo que definirá el rumbo político del país para los próximos años.

