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El Colegio de la Inmaculada propone retrasar el acceso a smartphones y redes sociales en los más chicos

La institución impulsa un acuerdo voluntario entre las familias para postergar la entrega de teléfonos personales, la apertura de perfiles en redes sociales y establecer tiempos prudentes de exposición a pantallas. La propuesta apunta especialmente a jardín y primer ciclo de primaria.

05 de octubre de 2026


El Colegio de la Inmaculada Concepción puso en marcha una propuesta voluntaria dirigida a las familias para establecer criterios comunes sobre el acceso de niños y niñas a teléfonos celulares, redes sociales y pantallas.

En diálogo con Veo Noticias, el rector de la institución, Emanuel Sicre, explicó que la iniciativa busca que las familias de una misma sala o grado puedan acordar la postergación de la entrega de un dispositivo personal y del acceso individual a redes sociales.

En el caso de los más pequeños, también se propone consensuar tiempos de exposición a pantallas que sean adecuados para cada edad.

“Se trata de un acuerdo que el Colegio les propone a las familias para que puedan postergar la entrega del dispositivo personal, retrasar el perfil en una red social y, en los más chicos, acordar un tiempo de pantalla que sea prudente”, señaló Sicre.

Una alternativa entre la prohibición y el acceso sin límites

El rector remarcó que la propuesta no apunta a prohibir completamente la tecnología, sino a construir una instancia intermedia que permita acompañar a los chicos de manera gradual.

“El objetivo es ofrecer una plataforma de acuerdos para que las familias puedan regular de manera conjunta el acceso al mundo digital, donde no haya un abandono en las pantallas ni tampoco una prohibición que después no se pueda cumplir”, explicó.

Según Sicre, el desafío pasa por lograr que los adultos acompañen el proceso y establezcan límites que puedan sostenerse.

“Queremos ofrecerles a los chicos una garantía para que puedan vivir el acceso al mundo digital de una manera autónoma, pero mediada por el adulto”, sostuvo.

“Los adultos tenemos que aprender a decir que no”

La iniciativa está pensada especialmente para las generaciones más pequeñas, entre ellas niños de tres y cuatro años que todavía no cuentan con dispositivos propios.

Sicre aclaró que el acuerdo no puede aplicarse de manera retroactiva sobre quienes ya tienen teléfono celular o perfiles personales, pero sí puede servir para organizar el acceso futuro a la tecnología.

“Hay un espacio en donde los chicos no pueden decir que no y los adultos sí tenemos que aprender a decir que no y ayudarlos en eso”, expresó.

En ese sentido, sostuvo que frente a la expansión del uso de dispositivos digitales es necesario recuperar una “palabra adulta que cuida”.

Una dependencia que también alcanza a los adultos

Consultado sobre las dificultades que puede generar el uso intensivo de celulares en niños y adolescentes, Sicre evitó responsabilizar exclusivamente a los menores.

“La dependencia es de todos. Los niños son espejo de lo que los adultos hemos creado”, planteó.

Según explicó, el uso excesivo de dispositivos y el acceso permanente al mundo digital pueden repercutir en diferentes dimensiones de la vida cotidiana.

“La dependencia repercute en el juego, en el aprendizaje, en los vínculos y en las formas en las que se concibe el mundo y nos relacionamos entre nosotros”, señaló.

La propuesta podría alcanzar a unas 600 familias

El acuerdo será completamente voluntario. Para que pueda implementarse dentro de una sala o un grado, deberá contar con la adhesión de más del 50% de las familias de ese grupo.

La propuesta está orientada principalmente a jardín y primer ciclo de primaria, hasta aproximadamente los 10 u 11 años.

“Apuntamos a un grupo de unas 600 familias, que es donde todavía podemos establecer este acuerdo y buscar cumplirlo”, detalló Sicre.

Además, el compromiso no involucra únicamente a padres y madres. La institución propone que cada familia comunique el acuerdo al resto del entorno cercano del niño.

Abuelos, tíos, hermanos mayores y otras personas que formen parte de la crianza también deberían conocer las pautas establecidas.

“La familia se compromete a informar al entorno del menor, porque toda esa gran familia también hace a la atmósfera de crianza de un chico o una chica”, concluyó el rector.