La Escherichia coli, transmitida a través de alimentos o agua contaminada, afecta principalmente a los niños pequeños, que constituyen la población más vulnerable. Los primeros síntomas incluyen vómitos, fiebre, diarrea y dolores abdominales, pero la enfermedad puede derivar en un cuadro mucho más severo, incluso con fallos renales. Por eso, los especialistas insisten en la necesidad de reforzar las medidas de prevención en el hogar.
Entre las principales recomendaciones se encuentran lavarse cuidadosamente las manos antes de preparar alimentos o después de cambiar pañales, cocinar la carne a más de 70 grados, mantener la cadena de frío y evitar la contaminación cruzada. Las verduras que se consumen crudas deben higienizarse con agua potable y algunas gotas de lavandina. También se sugiere utilizar utensilios y tablas diferentes para separar carnes crudas de vegetales listos para consumir.
En la Argentina se registran alrededor de 300 casos anuales de esta enfermedad, con un impacto significativo en provincias como Santa Fe. Desde la Agencia Santafesina de Seguridad Alimentaria (ASSAl) se realizan capacitaciones, auditorías y análisis de alimentos para garantizar su inocuidad. Además, recuerdan que los productos deben contar con el número de habilitación y registro, lo que asegura que fueron controlados y cumplen con las normativas del Código Alimentario Argentino.

