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“Es imposible comer al mediodía”: la desesperante situación de los vecinos de barrio Roma por el agua servida

El problema se concentra en la esquina de Juan Díaz de Solís e Hipólito Yrigoyen. Aseguran que la situación se repite cada dos días y que los arreglos de Aguas Santafesinas son "transitorios".

25 de junio de 2026


Un vecino de barrio Roma alzó la voz para visibilizar una problemática que afecta la salud y el día a día de quienes viven y trabajan en la zona. Según relató en una entrevista en la que prefirió reservar su identidad, la esquina de Juan Díaz de Solís e Hipólito Yrigoyen se convirtió en un foco constante de contaminación debido al brote recurrente de agua servida desde las tapas de las cloacas.

“Día por medio se levanta la tapa de la boca de tormenta y empieza a salir agua servida. Al mediodía querés comer y no se puede por el olor que sale“, graficó con indignación sobre el impacto que tiene en la vida cotidiana de las familias.

Comercios afectados y peligro para los peatones

La situación es especialmente crítica para la actividad comercial del barrio. En el sector afectado funcionan locales gastronómicos que sufren directamente las consecuencias de los desbordes. “Acá hay una despensa que vende comida y a media cuadra una rotisería donde también sale el agua a la noche dos por tres. Para los negocios es complicadísimo”, detalló el vecino.

Además del olor nauseabundo y el riesgo sanitario por el flujo constante de líquido, el estado de la calzada representa un peligro vial. Los vecinos aseguran que la combinación de baches y agua estancada ya provocó accidentes menores: “Recién pasaba una señora y casi se cae también, porque está roto ahí”.

Obras mal hechas y respuestas transitorias

Al ser consultado sobre las actuaciones de la empresa estatal Aguas Santafesinas, el entrevistado recordó un episodio de negligencia que empeoró la infraestructura del lugar: “Vinieron los de Aguas Santafesinas ahí donde está el corralito, se equivocaron, rompieron ahí, arreglaron donde tenían que arreglar y eso quedó. Ya hace más de dos meses que está así”.

El denunciante afirmó que este panorama se arrastra desde el año pasado y que las soluciones que se brindan nunca son definitivas. “Las soluciones son transitorias. Dura un tiempito y después ya sigue como si nada de vuelta”, lamentó.

Por último, describió la resignación con la que convive el barrio ante la falta de respuestas oficiales: “Los autos bajan la velocidad porque no se ve nada y piensan que hay un pozo. Pasan con miedo. Los vecinos ya se acostumbran, es algo con lo que no podés. Ni pelota te dan”.