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Inseguridad en barrio San Martín: la reiteración del robo de caños de gas y medidores genera bronca y preocupación

Vecinos de calle Lamadrid al 7.000 denuncian una ola de robos de caños de gas, llaves de paso de agua y elementos de bronce. Reemplazar los daños cuesta más de 150.000 pesos y reclaman controles en los comercios de compraventa.

21 de octubre de 2026


Vecinos de calle Lamadrid al 7.000 manifestaron su hartazgo ante la reiteración de robos de caños de gas, medidores, llaves de paso de agua y tapas de fundición sustraídos directamente de los domicilios. Alberto, un vecino del sector que reside en la zona desde hace 49 años, relató en primera persona el calvario que le tocó vivir tras ser víctima de la inseguridad.

El impacto económico y los daños en las viviendas

“La semana pasada me levanté, no había gas, salí acá y me encontré con la puerta abierta y faltaba el caño”, relató Alberto. El vecino detalló que arreglar los destrozos y reponer el faltante le demandó un costo de 150.000 pesos.

El raid delictivo no es un caso aislado. Según advirtió, el accionar de los delincuentes se repite cuadras a la redonda —hacia el norte, hacia el sur y sobre calle Espora—, donde sustraen caños de gas, llaves de paso de agua de las entradas domiciliarias y antiguas tapas de fundición tipo capilla. “Todo lo que se pueda vender: cobre, bronce y fundición”, resumió el vecindario.

Los perjuicios van mucho más allá de lo económico. La situación genera impotencia, indignación y roturas constantes en las propiedades, obligando a los frentistas a modificar estructuras, instalar rejas adicionales y reemplazar griferías de bronce por alternativas de plástico para intentar disuadir a los ladrones. Incluso, el vecino damnificado señaló que los delincuentes no dudan en cortar servicios de televisión por cable o internet en busca de elementos para comercializar.

El reclamo vecinal: apuntan a los reducidores

Consultado sobre las medidas necesarias para frenar esta modalidad delictiva, Alberto consideró que la presencia policial permanente en cada cuadra resulta inviable, por lo que focalizó la solución en otro eslabón clave del negocio delictivo. “Me parece que es más fácil controlar a quienes compran los materiales que venden. No podemos poner en cada cuadra un policía. A mí me parece que es más fácil controlar en las compraventas, en los chatarreros”, reflexionó el vecino.

Asimismo, advirtió sobre la falta de convivencia urbana y la acumulación de basura en esquinas cercanas por parte de algunos habitantes, lo que empeora las condiciones generales del barrio.