La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) elevó al 95% la probabilidad de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte durante el trimestre octubre-diciembre de 2026. El nuevo pronóstico incrementó en 14 puntos porcentuales la estimación realizada en julio y encendió las alertas por los posibles efectos sobre el clima y la producción agropecuaria en América Latina.
Según el informe, existe un 95% de probabilidad de que la anomalía de la temperatura superficial del mar en el Pacífico ecuatorial supere los 2°C durante ese período. Ese nivel sostenido de calentamiento es el que se utiliza como referencia para caracterizar a los episodios de El Niño de mayor intensidad.
El calentamiento del océano ya muestra registros poco habituales. De acuerdo con datos citados por especialistas, la región Niño 3.4 alcanzó una anomalía de +1,8°C durante la primera semana de agosto, un valor que llegó antes que en otros episodios históricos de gran magnitud. En el fenómeno de 1997-98, considerado uno de los más intensos registrados, ese umbral se había alcanzado recién hacia el 20 de agosto.
Qué efectos podría generar
Un El Niño de estas características puede modificar de manera significativa los patrones de precipitaciones y temperaturas en distintas regiones de Sudamérica. Sin embargo, sus efectos no son iguales en todo el continente: mientras algunas zonas pueden atravesar períodos de lluvias abundantes e inundaciones, otras pueden registrar déficits de precipitaciones.
La principal preocupación está vinculada con la variabilidad climática durante la campaña agrícola 2026/27. Cambios en el régimen de lluvias pueden afectar las fechas de siembra, los rendimientos, la disponibilidad de agua y las condiciones de los caminos rurales.
También podrían registrarse consecuencias sobre la infraestructura y la logística vinculada al transporte y comercialización de productos agropecuarios. Por eso, la intensidad del fenómeno no permite por sí sola anticipar el impacto sobre cada cultivo o región: los pronósticos deben complementarse con evaluaciones locales.
La situación en Argentina
En Argentina, el escenario es especialmente relevante para las regiones del Litoral y el noreste, donde se prevén condiciones que podrían favorecer períodos de precipitaciones intensas y un aumento de los niveles de los ríos.
Entre las provincias que aparecen bajo mayor atención se encuentran Misiones, Corrientes, Chaco, Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires, aunque la evolución concreta dependerá de cómo se configure el fenómeno durante los próximos meses.
La NOAA advierte que la clasificación de El Niño no se determina a partir de un único registro semanal, sino mediante promedios y observaciones sostenidas. Por ese motivo, todavía existe incertidumbre sobre cuál será el pico definitivo del calentamiento y cómo se distribuirán sus efectos.
Una campaña marcada por la incertidumbre
El eventual desarrollo de un Súper El Niño obliga a reforzar el seguimiento de las variables climáticas y a anticipar posibles escenarios para la producción y la infraestructura.
La evolución del Pacífico será clave durante las próximas semanas. Si el calentamiento continúa acelerándose, el fenómeno podría consolidarse entre los episodios más intensos de las últimas décadas y generar un escenario de mayor variabilidad climática durante el verano austral.
Para productores y autoridades, el desafío estará en transformar los pronósticos globales en decisiones concretas a escala regional, con especial atención a las precipitaciones, los niveles de los ríos y las condiciones de los cultivos.