Nuevamente, el paisaje de la Laguna Setúbal se ve modificado por la aparición de densos embalsados de vegetación, un fenómeno que se repite por tercer o cuarto año consecutivo. Según la especialista Zuleica Marchetti, este proceso tiene su origen en la bajante extraordinaria que sufrió el sistema en años anteriores, lo que permitió que la vegetación colonizara bancos de arena que antes estaban sumergidos.
Con la actual y paulatina subida de los niveles hidrométricos, esas plantas —que no están totalmente arraigadas— se “descalzan” y son incorporadas por la corriente. Al migrar aguas abajo, encuentran estructuras como los pilares del Puente Colgante o del antiguo ferrocarril, donde quedan ancladas y comienzan a acumular más vegetación, formando los grandes conglomerados que hoy se observan.
Características de un ecosistema flotante
Los embalsados no están formados por una sola especie, sino por una malla entrelazada de varias plantas, principalmente canutillo y camalote. Estas especies poseen tallos alargados y raíces adventicias que actúan como un filtro, reteniendo a otras plantas flotantes hasta crear una unidad sólida.
Marchetti detalló que estas estructuras pueden tener características sorprendentes:
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Son como un “colchón flotante” que sube y baja acompañando el nivel del agua.
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Debajo de la superficie, pueden alcanzar entre 2 y 4 metros de profundidad.
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En zonas como el Faro, la vegetación no está arraigada al fondo debido a que la profundidad alcanza los 8 a 12 metros, sino que permanece retenida por la presión contra los pilares.
¿Es necesario removerlos?
Desde un enfoque ecológico, la investigadora aclaró que los embalsados no generan problemas para el ecosistema: el flujo de agua continúa por debajo, el sedimento sigue moviéndose y la fauna circula sin inconvenientes. El riesgo real aparece únicamente cuando la vegetación obstruye el 100% de la sección de navegación, impidiendo el paso de embarcaciones recreativas, turísticas o de fuerzas como Prefectura.
En caso de ser necesaria su remoción, Marchetti advirtió que es una tarea sumamente laboriosa. El método más adecuado implica intervenir antes de que el paso se cierre por completo, utilizando herramientas mecánicas (como motosierras) para fragmentar la masa y ganchos vinculados a embarcaciones que permitan que los trozos migren aguas abajo de forma controlada.


