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Marcharon a 23 años del Salado: El grito de una ciudad que todavía espera justicia

Bajo una lluvia de recuerdos y el peso de la impunidad, sobrevivientes y organizaciones marcharon para que el olvido no tape la verdad de la tragedia de 2003.

29 de abril de 2026


 

Este 29 de abril, las calles de Santa Fe volvieron a ser el escenario de un reclamo que atraviesa generaciones. A 23 años de la inundación, el desborde del río Salado no es solo un dato histórico, sino una herida abierta que se manifestó en una nueva marcha hacia la Plaza de Mayo, donde el dolor se transformó en exigencia colectiva.

Voces contra la impunidad política

Referentes del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH) recordaron que la catástrofe fue, ante todo, una falla humana y política. Jorge Castro, supervisor escolar en aquel 2003, denunció la negligencia de las autoridades de ese entonces: “El intendente decía que los barrios no se iban a inundar y ya se estaban inundando”.

Castro también hizo hincapié en que existían proyectos y advertencias de la UNL que fueron ignorados durante nueve años, y criticó duramente el sistema de indemnizaciones que obligó a las víctimas a renunciar a su derecho de juicio.

El trauma que el tiempo no cura

Para Milagros Demiriyi, integrante del movimiento y damnificada de barrio Barranquitas, la inundación dejó huellas psicológicas profundas. “Mis hijos pasaron años subiéndose a las mesas cada vez que llovía”, relató conmovida, reflejando el trauma infantil que marcó a toda una generación de santafesinos que crecieron con el miedo al agua.

Historias de barro, pérdida y solidaridad

La marcha reunió testimonios desgarradores de quienes estuvieron en la primera línea de la emergencia y quienes perdieron su hogar:

Liliana (Jefa de Guardia del Hospital de Niños): Recordó el momento crítico en que debieron evacuar a todos los pacientes de terapia porque el agua brotaba de los desagües, a pesar de que les habían asegurado que el hospital estaba a salvo.

Vecinos de Santa Rosa y Villa Hipódromo: Coincidieron en la angustia de las listas en los refugios para intentar reunir a familias que quedaron separadas en medio del caos y la oscuridad.

El rol de los voluntarios: Se destacó la labor de los jóvenes universitarios que, ante la ausencia del Estado, se convirtieron en el sostén de los centros de evacuados, cuidando niños y organizando la asistencia básica.

A más de dos décadas, el sentimiento en la Plaza de Mayo fue unánime: la inundación de Santa Fe no terminará de pasar hasta que la justicia sea tan real como lo fue el agua.