Los medicamentos para bajar de peso se convirtieron en uno de los temas más debatidos en el ámbito de la salud durante los últimos años. Fármacos como la semaglutida —popularmente conocida por marcas como OzempicⓇ o WegovyⓇ— revolucionaron el tratamiento de la obesidad y despertaron expectativas entre millones de personas que buscan perder peso y mejorar su salud metabólica.
Sin embargo, especialistas remarcan que la obesidad no puede abordarse únicamente desde una lógica estética ni como una solución rápida. Se trata de una enfermedad metabólica crónica, compleja y multicausal que requiere tratamientos sostenidos y supervisión profesional.
“La obesidad es una enfermedad crónica y en los últimos años el tratamiento dio un giro histórico. Lo que antes se limitaba a ‘comer menos y moverse más’, hoy cuenta con herramientas farmacológicas de alta precisión”, explicó Fabiana Masjoan, docente de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional del Litoral y presidenta de la Asociación Santafesina de Endocrinología y Metabolismo.
Una problemática que crece en Argentina
Según la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, seis de cada diez adultos en Argentina presentan sobrepeso u obesidad. Además, la enfermedad está asociada a patologías como diabetes tipo 2, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares y trastornos hepáticos.
En niños y adolescentes, el panorama también preocupa: más del 20% de las personas de entre 5 y 17 años tienen obesidad, mientras que la Federación Mundial de Obesidad estima que el 39% de los adultos argentinos convive con esta condición.
Para los especialistas, la aparición de nuevos tratamientos farmacológicos representa un cambio importante tanto para la calidad de vida de los pacientes como para el sistema de salud en general.
Cómo funcionan los medicamentos para adelgazar
Entre los tratamientos más conocidos se encuentran los agonistas del receptor GLP-1, una familia de medicamentos que imitan la acción de una hormona producida naturalmente en el intestino.
La semaglutida pertenece a este grupo y actúa sobre distintos mecanismos del organismo: reduce el apetito, disminuye el llamado “ruido alimentario” —los pensamientos constantes relacionados con la comida—, mejora la secreción de insulina y genera sensación de saciedad por más tiempo.
“Más allá del descenso de peso, estos medicamentos tienen beneficios metabólicos importantes: reducen el riesgo cardiovascular, protegen los riñones y mejoran la acumulación de grasa en el hígado”, explicó Masjoan.
Estos tratamientos comenzaron a utilizarse hace más de 20 años para pacientes con diabetes tipo 2 y luego fueron aprobados para el tratamiento de la obesidad, incluso en personas sin diabetes.
En Argentina, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) autorizó su uso para ambas patologías.
¿El tratamiento es para siempre?
Una de las dudas más frecuentes entre los pacientes es cuánto tiempo deben utilizarse estos medicamentos.
Según la endocrinóloga, la obesidad debe entenderse como una enfermedad crónica, por lo que los tratamientos suelen requerir continuidad a largo plazo.
“La interrupción del tratamiento, especialmente si no hay cambios consolidados en la alimentación, la actividad física y el acompañamiento psicológico, favorece la recuperación del peso perdido”, indicó.
En ese sentido, la especialista insistió en que estos fármacos no son una “cura milagrosa”, sino una herramienta dentro de un abordaje integral.
Efectos secundarios y controles médicos
Los efectos adversos más frecuentes suelen ser gastrointestinales, como náuseas, vómitos o estreñimiento, especialmente al inicio del tratamiento. Por eso, las dosis se incrementan de manera gradual según la tolerancia de cada paciente.
A largo plazo, los estudios muestran perfiles de seguridad sólidos, aunque los especialistas mantienen controles sobre posibles complicaciones poco frecuentes relacionadas con el páncreas o la vesícula.
Además, Masjoan aclaró que los pacientes no pierden el placer de comer. “Lo que muchas personas describen es una disminución del impulso constante por la comida y una mayor capacidad para reconocer la sensación de saciedad”, señaló.
Los costos y el acceso
Uno de los principales obstáculos para el acceso a estos tratamientos sigue siendo el precio. Se trata de medicamentos de alto costo que requieren procesos biotecnológicos complejos y conservación en cadena de frío.
Aunque los especialistas consideran que, a largo plazo, reducirán los gastos sanitarios vinculados a enfermedades derivadas de la obesidad, actualmente muchas obras sociales y prepagas todavía no ofrecen cobertura suficiente.
Qué otros medicamentos existen
Además de la semaglutida, en Argentina existen otras opciones farmacológicas para el tratamiento del sobrepeso y la obesidad.
Entre ellas se encuentran la liraglutida (SaxendaⓇ), otro agonista GLP-1 de aplicación diaria; el orlistat, que reduce la absorción intestinal de grasas; la combinación de naltrexona y bupropión, que actúa sobre los mecanismos de recompensa y apetito; y la tirzepatida (MounjaroⓇ), recientemente aprobada en el país y considerada una de las alternativas más eficaces para el descenso de peso.
“Estamos en una nueva era del tratamiento de la obesidad, pero el medicamento no reemplaza el trabajo del equipo multidisciplinario”, concluyó Masjoan, quien remarcó la importancia de combinar la terapia farmacológica con seguimiento médico, nutricional y psicológico.

