En una noche marcada por el recogimiento, la ciudad de San Cristóbal se transformó en escenario de una movilización cargada de significado. Este jueves, a un mes del crimen de Ian Cabrera, cientos de personas se congregaron en la intersección de Caseros y Alvear para participar de una caminata en su memoria.
La convocatoria, impulsada inicialmente por el entorno más cercano del niño, creció rápidamente hasta convertirse en una expresión colectiva de acompañamiento. Con velas encendidas y globos blancos, familiares, amigos y vecinos iniciaron el recorrido hacia la Escuela Normal Superior N° 40 Mariano Moreno, lugar donde el hecho que conmocionó a la comunidad ocurrió hace treinta días.

Durante el trayecto, el silencio fue protagonista. A la habitual quietud nocturna de la ciudad se sumó el silencio del duelo, generando una atmósfera de profundo respeto. No hubo consignas ni cánticos, solo la necesidad compartida de recordar y acompañar en el dolor.
Al llegar al establecimiento educativo, las luces de las velas iluminaron los rostros de padres, docentes y compañeros, en una imagen que reflejó la unidad de la comunidad. En ese contexto, una de las asistentes tomó la palabra y sintetizó el sentimiento generalizado: “Nos encontramos acá porque Ian podría haber sido cualquier niño de nuestra ciudad. Nos encontramos para que lo que pasó no suceda nunca más”.

El cierre de la jornada tuvo un carácter espiritual. El diácono Rubén Gianelli encabezó una oración comunitaria centrada en el pedido de paz y consuelo para la familia. Luego, los adolescentes presentes ataron globos blancos en las rejas de la institución, junto a carteles con mensajes de acompañamiento.
La movilización fue más que un homenaje: se trató de una manifestación silenciosa de una comunidad que, atravesada por el dolor, reafirmó su compromiso con la memoria y el acompañamiento colectivo.



