Este jueves se llevó a cabo en el Centro de Ex Combatientes un homenaje a las mujeres que estuvieron en el campo de batalla y las que, desde su rol de mamá, hija o hermana, se vieron atravesadas por la guerra. Este evento organizado en conjunto con UPCN fue ideado en el marco del Día Internacional de la Mujer y los 40 años de la guerra de Malvinas.
Rosana Zamora, secretaria de Igualdad de Oportunidades de UPCN Seccional Santa Fe, dijo a Veo Noticias: “UPCN quiso hacer una celebración del Día Internacional de la Mujer con estas mujeres que han demostrado a lo largo de su vida que son las madres, esposas, hermanas e hijas de ex combatientes de Malvinas, algunos que hoy están con vida y otros que han sido caídos. Nos pareció pertinente en estos 40 años de Malvinas poder homenajear en el nombre de ellas a estas mujeres que vivieron la batalla desde sus casas”.
En este sentido, la propuesta se centró en que las mujeres compartieron sus historias acerca de la guerra de Malvinas y su forma de vivirlas desde su lugar. “Hoy hablamos de Malvinas y quizás agarramos un libro. Escuchamos un combatiente. ¿Cuándo escuchamos a las mujeres que vivieron esta guerra tan intensamente? Hablar de ellas, de lo que pasó, cómo es vivir en posguerra que han perdido a sus hermanos en combate, cómo ha sido llevar esa vida. Me parece que es un homenaje que debemos darle a esas mujeres y en UPCN los pensamos junto con el Centro de Ex Combatientes”.
Gloria Vera, una de las mujeres que compartió su historia como hermana de un ex combatiente, contó a Veo Noticias: “Muchas emociones encontradas en este año especial por los 40 años. Uno trata siempre de participar y estar constantemente con los ex combatientes. Emocionada porque mi hermano quedó cuidando el Mar Argentino porque él estuvo en el Crucero Manuel Belgrano”.
“Soy la más chica de cinco varones. Como toda hermana, al tener ocho años, transcurrí todo este dolor a través de mi madre que, en ese momento, esta guerra nos marcó un antes y un después, y que aún nos falta como santafesinos y argentinos saber que esto es el dolor de pocos, pero el orgullo de muchos. Está en estos acontecimientos, que cada vez que podemos compartimos, y saber que todavía estamos a tiempo de reivindicar todo lo que hacen. Todavía hay historias para contar”, continuó.
En cuanto a lo que recuerda del momento en que se fue su hermano, Gloria narró que recuerda la despedida que se realizó en barrio Pompeya. “La última vez que yo lo vi a mi hermano lo acompañamos con mi mamá y unos amigos. Solamente recuerdo muy a fuego cuando la abrazó a mi mamá porque la trata de usted, y le dijo ‘usted espéreme que yo voy a volver’. Mi mamá hace 20 años que se fue con la ilusión de saber de su hijo y hasta el último día de su vida lo esperó, y no asumió jamás que él quedó allá porque durante muchos años se escucharon un montón de cosas”, expresó.
Por su parte, Adriana Tibaldo, hermana de ex combatientes, también aportó con su recuerdo en este homenaje especial. “Por más que pasen 40 años las emociones siempre están a flor de piel. De René recibimos una carta un 2 de abril donde le decía a mi mamá que la espere, que él iba a volver porque estaba lejos de la zona de conflicto. Nunca llegó”.
Sobre lo que significa este homenaje, añadió: “Siempre con muchas emociones. Tengo la memoria de una de las docentes. Yo estaba en sexto grado y siempre se acercaba a la noche a rezar con nosotros para que él regrese. Esos son valores que uno no se olvida”.
Su hermano tenía 17 años y con su familia eran oriundos de Llambi Campbell. “Era muy alegre, muy extrovertido, muy inteligente. Él estudió en la Escuela Técnica Avellaneda y después le dijo a mi papá que él quería conocer el mundo. Ahí fue a rendir para la Armada, rindió sin errores y entró. Ese era su sueño”, narró.
“En mi casa se ocultaba mucho porque éramos muy chicos. Todo a través de la radio y ahí me di cuenta que pasaba algo porque de repente mi mamá ya no se levantó más, se quedó en la cama y empezaron a venir familiares a abrazarnos, a acompañarnos en el dolor y a rezar. La guerra fue un antes y un después porque cambió toda la dinámica familiar. Mis hermanos más grandes asumieron el rol de madre, empezaron a llevarnos a la escuela y acompañarnos en todas las tareas. Mi mamá siempre lo esperó, nunca asumió, porque quedó desaparecido el cuerpo, y ella siempre quedó con esa esperanza de verlo, de que algún día golpee la puerta y aparezca”, expresó.