Carlos Alberto “El Indio” Solari, figura emblemática del rock nacional, falleció a los 77 años en su residencia de Parque Leloir, en el partido de Ituzaingó. Su partida marca el cierre definitivo de una era para las miles de generaciones que encontraron en sus canciones un refugio de resistencia cultural y una identidad propia.
El cantante, célebre tanto por su genialidad lírica como por su histórico bajo perfil y su esquiva relación con la prensa tradicional, dio su última muestra de presencia pública en enero pasado, cuando envió un mensaje de agradecimiento al recibir el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
El nacimiento del mito y la independencia como bandera
En 1975, en la ciudad de La Plata, el Indio Solari y el guitarrista Skay Beilinson fundaron Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Lo que comenzó como un colectivo artístico contracultural terminó transformándose en el fenómeno de masas más grande de la música argentina. La banda basó su éxito en una premisa innegociable: la independencia artística absoluta y la distancia prudencial de los grandes medios de comunicación.
Bajo esa filosofía, el grupo editó nueve álbumes de estudio que hoy son pilares esenciales de la cultura popular. Discos emblemáticos como Oktubre, Un baión para el ojo idiota, ¡Bang! ¡Bang!… Estás liquidado y Luzbelito marcaron a fuego el repertorio esencial del rock argentino. Tras un desgastante camino al estrellato, la formación se disolvió en 2001, dejando una herida abierta en su fiel público, pero abriendo paso a la etapa solista de Solari.
La etapa solista y las “misas” multitudinarias
A partir de 2004, el Indio reapareció con su nueva banda, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, debutando con el disco El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel). A este material le siguieron trabajos muy celebrados como Porco Rex, El perfume de la tempestad, Pajaritos, bravos muchachitos y su última obra de estudio, El ruiseñor, el amor y la muerte, editada en 2018.
Durante este período, las presentaciones en vivo de Solari dejaron de ser simples conciertos para convertirse en auténticas “misas ricoteras”: peregrinaciones de cientos de miles de fanáticos de todo el país hacia distintas ciudades del interior. Su último recital en vivo sobre un escenario tuvo lugar en Olavarría, en el año 2017, un evento masivo que demostró la magnitud inigualable de su convocatoria popular.
La batalla contra “el míster” y el refugio en la tecnología
En marzo de 2016, durante un show en Tandil, el artista conmovió a su público al revelar su estado de salud con una frase que quedó para la historia: “El Parkinson me anda pisando los talones”. Desde entonces, la enfermedad se volvió parte de su narrativa pública y modificó drásticamente su rutina, obligándolo a alejarse de las giras hasta que en 2023 confirmó su retiro definitivo de las tablas.
Sin embargo, su mente artística nunca se detuvo. En 2020 anticipó el futuro utilizando técnicas holográficas para aparecer de forma virtual en los shows de su banda, y durante sus últimos años se volcó de lleno al trabajo de producción en el estudio, la pintura y la publicación de libros.
El Indio Solari se fue rodeado de la tranquilidad de su hogar, pero deja un vacío imborrable. Su voz, sus indescifrables y punzantes metáforas, y ese magnetismo misterioso lo convierten, desde hoy y para siempre, en una leyenda inmortal del arte argentino.


