El Puente Carretero cumple este 14 de julio un nuevo aniversario desde su habilitación al tránsito, ocurrida en 1939. A lo largo de más de ocho décadas, el viaducto se convirtió en uno de los íconos de la región y en la principal conexión terrestre entre las ciudades de Santa Fe y Santo Tomé, soportando un crecimiento sostenido del tránsito y atravesando algunos de los episodios más importantes de la historia local.
La necesidad de unir ambas ciudades surgió mucho antes de la construcción del actual puente. El primer vínculo permanente fue un puente de madera inaugurado en 1875 sobre el río Salado. Aquella estructura permitió mejorar la comunicación entre ambas localidades e incluso posibilitó la puesta en marcha de un servicio regular de diligencias, aunque las condiciones climáticas condicionaban su funcionamiento. Tras varias reparaciones y el desgaste provocado por el paso del tiempo, dejó de prestar servicio en 1906.
Ese mismo año fue reemplazado por un puente levadizo de hierro, diseñado para permitir el paso de embarcaciones que utilizaban el puerto de Santo Tomé. Durante más de tres décadas facilitó el transporte de la producción agrícola y el movimiento comercial de la zona, pero el crecimiento del tránsito y el deterioro de la estructura hicieron necesaria una nueva obra.

La construcción del actual Puente Carretero comenzó en julio de 1937 y demandó dos años de trabajo. Antes de su apertura se realizaron pruebas de resistencia con seis camiones cargados con ocho toneladas cada uno para verificar la solidez de la estructura.
El puente fue habilitado al tránsito el 14 de julio de 1939, sin ceremonia oficial. La recepción definitiva de la obra se concretó un año más tarde y la inauguración formal se realizó el 8 de abril de 1941, con la presencia de las autoridades provinciales de la época.
Con una longitud de 1.320 metros, una calzada de nueve metros de ancho, dos veredas peatonales y dos grandes arcos parabólicos, la obra fue considerada un hito de la ingeniería argentina de su tiempo. Su diseño estuvo a cargo del ingeniero civil Alberto Eduardo Cazeneuve, quien también dirigió otras importantes obras de infraestructura en la provincia.
Cuando comenzó a funcionar, el puente soportaba el paso de unos 2.000 vehículos diarios. Con el crecimiento urbano y la expansión del área metropolitana, esa cifra se multiplicó hasta superar actualmente los 40.000 cruces por día, muy por encima de lo previsto cuando fue proyectado.
A lo largo de su historia también debió enfrentar las crecidas del río Salado, incluida la inundación de 2003, y numerosas tareas de mantenimiento para preservar una estructura que continúa siendo estratégica para la movilidad entre ambas ciudades.
En los últimos años, el Puente Carretero volvió a ocupar un lugar central en la agenda pública debido al deterioro detectado en algunos de sus sectores y a la necesidad de reducir la carga de tránsito. Esa situación reforzó el reclamo por la construcción de un nuevo enlace vial que complemente al histórico viaducto y permita mejorar la conectividad del área metropolitana.
Mientras avanza ese proyecto, el Puente Carretero mantiene su condición de emblema regional. Más que una obra de ingeniería, representa un punto de encuentro entre Santa Fe y Santo Tomé y una pieza fundamental de la historia y el desarrollo de ambas comunidades.


