El drama comenzó la noche del pasado 25 de abril en una vivienda de Arroyo Leyes, cuando la víctima, en medio de una reunión con dos amigas, dio un pequeño sorbo a una botella creyendo que contenía vino dulce. Inmediatamente comenzó el horror: la botella contenía soda cáustica. Desde ese instante, la mujer y su familia viven un calvario insostenible. Tras pasar por el Hospital Cullen, fue derivada por su obra social (Osecac) a un sanatorio privado, donde permaneció en terapia intensiva bajo los efectos de la morfina debido al intenso dolor de las llagas y quemaduras internas.
Aunque en un principio recibió el alta, su cuadro empeoró de manera drástica al no poder retener ningún tipo de alimento ni líquido. “El esófago está completamente cerrado; solo pudo pasar una sonda de tres milímetros”, relató quebrada en llanto su hija, Valentina, en una entrevista radial. Actualmente, la mujer no duerme, vomita constantemente su propia saliva al no poder tragarla y ha perdido 20 kilos, llegando a pesar apenas 50 kilos. “Está chupada. Es hueso y piel, pesa lo mismo que un nene de seis años”, describió la joven sobre el alarmante estado físico de su madre.
Denuncia por abandono y una carrera contra el reloj
El nudo central del desesperado pedido de la familia radica en la falta de respuestas urgentes por parte del sanatorio y de la cobertura médica. De acuerdo a lo denunciado por Valentina, la paciente requiere con extrema urgencia la colocación de un balón o catéter dilatador para intentar abrir el esófago, un insumo que la obra social dilata bajo promesas burocráticas. Ante la desesperación de ver que el tiempo se agota, la joven debió costear de forma particular un turno con un endoscopista recién para el próximo 12 de junio.
Valentina, quien junto a su hermana menor enfrenta la situación en total desprotección institucional, dejó un crudo testimonio que conmovió a toda la comunidad. “A mí me pasaron por arriba. Necesito que dejen de mentirme con que ya pidieron el balón, mi mamá no tiene más tiempo”. Con el corazón en la mano y la voz quebrada, la joven cerró la entrevista con una frase desgarradora que resume la urgencia del caso: “Yo cumplo años el sábado y no sé si mi mamá va a llegar viva”.
El caso
El extraño caso de una aparente intoxicación en Arroyo Leyes provocó una ardua investigación por parte del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), que intervino en el episodio en el que dos mujeres habían sufrido quemaduras en su boca al ingerir líquido proveniente de una botella de vino dulce.
El episodio llegó al INV y provocó su involucramiento para investigar todo el trazado de la bebida, desde la bodega en San Juan pasando por su itinerario en Buenos Aires, hasta llegar a Santa Fe.
En el caso puntual de la botella que provocó la intoxicación de las mujeres, el único análisis fue de la Justicia santafesina, que según el informe del INV determinó al cabo de un par de semanas y a través de análisis químicos que el líquido, que venía en una botella de vino dulce con tapa a rosca de una reconocida marca, era soda cáustica.
Según lo que se desprende de lo citado por parte del INV, y producto de acciones judiciales por parte del Fiscal Adjunto de la Fiscalía Regional 1, Agustín Nigro, el informe técnico del Laboratorio Químico Forense Santa Fe llegó a la conclusión de que el líquido analizado “contenía en su interior más de media botella que se comporta de igual manera que una solución concentrada de hidróxido de sofio (soda cáustica), con presencia de carbonatos”.
El paso a paso de la investigación del Instituto Nacional de Vitivinicultura
Todo comenzó el último fin de semana de abril. Durante una reunión social, dos mujeres sufrieron irritación y quemaduras tras probar un vino. Una de ellas logró escupir el contenido antes de que se generaran heridas de consideración, pero la otra sufrió lesiones y, en aquel momento, fue trasladada por el servicio de emergencias al Hospital Cullen primero y a un hospital privado después.
En aquel momento, se conoció que el personal médico se había llevado consigo uno de los vasos y que la Policía secuestró el resto de la bebida.
La intervención del INV, a cargo de la Delegación Rosario, estuvo dedicada a “poner a disposición” de la Fiscalía Regional I, a cargo de la causa desde ese momento, “la infraestructura del INV como órgano de aplicación de la ley N° 14.878”, dijeron y detallaron su rol como entidad que “ejerce funciones de fiscalización sobre la composición, genuinidad y aptitud para el consumo de los productos vitivinícolas”.
Según aseguraron, en menos de 72 horas enviaron dos inspectores a Arroyo Leyes en vistas a esclarecer la situación mediante el diálogo con las fuerzas intervinientes, la colaboración con la Justicia y la realización de inspecciones.
Las conclusiones
Luego de varios intentos, los inspectores no lograron dar con las protagonistas ni con sus familiares. A su vez, durante los primeros días no lograron concretar el contacto con la Fiscalía, hasta que consiguieron los datos de la etiqueta de la botella de vino. Al mismo tiempo, comenzaron con diversas tareas de revisión y supervisión, que consistieron en inspecciones en comercios de la zona de productos vitivinícolas y alcoholes existentes.
Una vez con los datos técnicos de la botella en cuestión (a la cual no tuvieron acceso por parte de la Justicia), el órgano realizó, a través del trabajo de sus distintas delegaciones, inspecciones en la bodega propietaria de la marca del vino con el que se intoxicaron las dos mujeres, en San Juan, como así también en un depósito ubicado en la localidad de Luján, en la provincia de Buenos Aires, y en un depósito en Sauce Viejo que distribuye productos vínicos de la firma a cargo de la marca del vino adulterado.
En ese sentido, informaron que todas las revisiones e inspecciones dieron resultados negativos en cuanto a la presencia de sustancias extrañas y, tras varios análisis en laboratorios, todos los productos resultaron “genuinos aptos para el consumo”. Así, y con este rastrero, pudieron concluir que lo que sucedió con la botella secuestrada por la Justicia se trataría de un caso aislado, o por lo menos no se encontraron rastros que determinaran la necesidad de implementar un alerta para el mercado.


