El consumo privado alcanzó un máximo en los registros oficiales durante el primer trimestre de 2026, según los últimos datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). El Producto Interno Bruto (PIB) creció 0,7% respecto del trimestre anterior y 2,3% en la comparación interanual, lo que impulsó al Gobierno a destacar un “nuevo récord histórico” que contrasta con datos públicos y privados de ventas en caída en comercios pequeños y grandes. El dato es totalmente correcto: sólo hay que conocer los límites de la medición para entender por qué ese número crece mientras que los ingresos no siempre alcanzan para llegar a fin de mes.
Desde el punto de vista técnico, el consumo privado forma parte de la demanda global, parte de los ítems con los que se calcula el PIB, junto con el gasto público, la inversión, las exportaciones y las importaciones. Este indicador mide el gasto de los hogares y empresas en bienes y servicios, pero su alcance es mucho más amplio que la percepción cotidiana de consumo, que suele asociarse principalmente a compras en comercios, supermercados, shoppings y restaurantes. Incluye todo el gasto, por ejemplo servicios públicos y medicina prepaga (entre muchos otros), popularmente poco asociados a la idea de “consumo”.
El ministro de Economía, Luis Caputo, celebró que el consumo privado y el PIB alcanzaron “máximos históricos” en la serie desestacionalizada. Destacó que “las exportaciones y el consumo privado crecieron 9,8% y 2,7% en la comparación interanual, respectivamente”. Además, Caputo remarcó que la expansión económica sumó ocho trimestres consecutivos con resultados positivos, con 12 de los 16 sectores económicos en alza.
Sin embargo, el contraste con los datos de consumo en comercios resulta evidente. De acuerdo con los últimos informes del Indec, las ventas reales en supermercados cayeron 3,7% interanual, aunque subieron 0,8% en relación a marzo. En autoservicios mayoristas, las ventas reales bajaron 5,0% interanual y 1,1% mensual. En los centros de compras (shoppings), las ventas reales crecieron 12,6% interanual y 3,4% mensual.
Pero el consumo privado como concepto técnico incluye gastos que no suelen considerarse consumo en el lenguaje común. Abarca todos los gastos en bienes y servicios, y dentro de estos figuran tarifas de servicios públicos reguladas, prepagas de salud y otros gastos fijos. Muchos de estos ítems registraron subas de precios superiores a la inflación en el último año, lo que impactó directamente en el monto total del consumo privado registrado en las Cuentas Nacionales.
El economista Fausto Spotorno explicó que no existe una medición completa y precisa del consumo privado. “No hay una medida buena y completa del consumo. Es algo en lo que estoy trabajando hace rato, pero no hay una medición buena. El consumo privado en la Argentina se mide más como un cálculo entre la diferencia entre lo que se gasta y lo que se produce que como una medición de las cantidades que se consumen”, señaló.
Según Spotorno, la metodología actual consiste en tomar esa diferencia, obtener valores nominales y luego deflactarlos mediante un deflactor de consumo. “Mi sospecha es que ese deflactor de consumo usa una canasta relativamente estable y, si tengo un shock de aumento de tarifas, de un día para el otro, no puedo reacomodar mi consumo de servicios rápidamente. En la canasta que me queda, cambié mucho la estructura de consumo de corto plazo, entonces lo que me queda que estoy deflactando con un deflactor que subestima el consumo de servicios”, agregó.
Dicho más claro: la sospecha es que el aumento de precio de los servicios hace crecer el valor del consumo privado, pese a que no se consuma más en términos de cantidades.
Hay otro punto. El especialista remarcó también que, aunque el consumo privado alcanzó cifras récord en términos agregados, esto no ocurre si la medición es per cápita. “Si bien es récord el consumo privado, no es récord si se lo mide per cápita”, puntualizó.
Fuente: Infobae


