El reciente anuncio en cadena nacional del presidente Javier Milei sobre el proyecto para reformar la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina (BCRA) reabrió el debate técnico y político sobre la autonomía de la autoridad monetaria. Al respecto, la decana de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), Liliana Dillon, repasó los alcances de la iniciativa y aportó una mirada contextual e histórica sobre el rol de la institución en el país.
Dillon recordó que el BCRA fue creado en 1935 con el propósito fundamental de preservar el valor de la moneda nacional tras la crisis internacional del ’29. A lo largo de las décadas, la carta orgánica sufrió múltiples modificaciones que alteraron el equilibrio de sus funciones básicas. En esta oportunidad, la especialista remarcó que la propuesta del Ejecutivo nacional hace eje en dos pilares centrales: dotar de mayor independencia a la conducción del organismo respecto al Ministerio de Economía y prohibir de forma tajante la emisión monetaria destinada a financiar el déficit del sector público.
“Esta modificación se basa en dar una señal concreta al mercado y a la sociedad”, explicó la decana, marcando que la utilización reiterada de la emisión para cubrir desequilibrios fiscales ha sido historicamente uno de los detonantes de la inflación en Argentina al volcar excesiva liquidez sin respaldo en la oferta de bienes. No obstante, Dillon subrayó que esta prohibición legal ya tuvo antecedentes en la historia reciente, como ocurrió durante la reforma implementada en la década de 1990. “Es muy importante mirar la perspectiva histórica para no repetir errores; estas señales de independencia se intentaron en varias oportunidades, pero el verdadero desafío es que la política pueda sostenerlas en el tiempo ante los avatares internos o externos”, analizó.
En ese sentido, la académica diferenciaba la función de financiamiento con otras tareas clave que cumple el Banco Central y que resultan indispensables para el funcionamiento del sistema financiero moderno, tales como la regulación cambiaria, la administración de especies monetarias y la supervisión del sistema bancario nacional, descartando la idea del cierre de la institución.
Finalmente, al ser consultada sobre las iniciativas fiscales complementarias y la necesidad de simplificar el entramado tributario, Dillon manifestó expectativa respecto a una reestructuración profunda que alivie la presión sobre los contribuyentes. “Una reforma integral del sistema impositivo que baje la carga tributaria sobre los consumidores no solo reactivaría el consumo interno, sino que devolvería poder adquisitivo a los salarios que hoy se encuentran severamente golpeados”, concluyó.

