Durante más de 15 años, Luis Ariola formó parte de un grupo de personas que se reunía alrededor del tango. Iba a clases varias veces por semana, salía a tomar algo con sus compañeros, compartía asados y hasta había visto crecer a los hijos de algunos de ellos. Por eso, cuando dejó de aparecer, su ausencia no pasó inadvertida.
Carolina Jador, profesora de tango de Luis, contó a Veo Noticias que él era una persona tranquila y reservada, pero que en las clases se transformaba. Llegaba caminando, se tomaba unos minutos para descansar y después se incorporaba al baile.
“Le gustaba que las mujeres lo saquen a bailar”, recordó Carolina. Después de las clases, el grupo solía ir a comer o tomar algo en distintos bares de la ciudad. También lo invitaban a encuentros familiares y asados los domingos.
“Yo creo que son más de 15 años ya que él está con nosotros”, relató. Para dimensionar ese vínculo, recordó que Luis conoció a su hijo menor cuando tenía apenas cinco o seis años. Hoy tiene 20.
Según contó la docente, el tango y el vínculo con el grupo eran importantes para Luis. “Yo sé que le hacía muy bien las clases de tango y compartir con nosotros”, sostuvo.
Las dificultades para conseguir un lugar donde vivir
La situación comenzó a cambiar cuando Luis empezó a tener problemas para sostener el alquiler de la vivienda donde residía. Como no tenía teléfono celular, sus compañeros sabían de sus dificultades principalmente a través de las conversaciones que mantenían durante las clases.
“Nos había pedido que por ahí, si nos enterábamos de algún alquiler económico, lo ayudemos”, recordó Carolina.
Mientras buscaban una alternativa, una de las alumnas logró comunicarse con él porque había conseguido un lugar transitorio donde quedarse. Según explicó, el hombre podía entrar y salir del lugar y sus compañeros incluso le llevaban frutas y otros alimentos.
Pero la situación volvió a complicarse. Carolina recordó que, aparentemente, el lugar tenía horarios y determinadas reglas que Luis no siempre podía cumplir. Tiempo después, cuando una de las integrantes del grupo fue a visitarlo, descubrió que había sido trasladado.
A partir de entonces, le perderle el rastro.

Dos años sin saber dónde estaba
El tiempo pasó sin que sus compañeros pudieran volver a comunicarse con él. Carolina estima que transcurrieron alrededor de dos años hasta que la noticia sobre la situación en el hogar de Gollán al 10.100 les permitió saber nuevamente dónde estaba.
Luis era uno de los residentes que se encontraba en ese lugar y que posteriormente fue trasladado al Hogar Beata Clara.
“Cuando fuimos a visitarlo ahí estaba bien, lo vimos bien, estaba alegre, ya estaba con otro semblante. Nos recibió bien y nos sacamos incluso una foto”, relató Carolina sobre el primer reencuentro.
La docente, además, fue una de las personas que volvió a acercarse a Luis después de conocer su situación. Este lunes pudo verlo nuevamente y aseguró que mantiene contacto con su familia.
“Me deja más tranquila”, expresó luego de encontrarse con él. Sin embargo, señaló que Luis presenta una tos persistente y que aguardaba la evaluación médica para conocer con mayor precisión su estado de salud.
Carolina vinculó esa situación con el tiempo que pasó sin recibir atención adecuada: “Dos años él estuvo sin recibir ningún tipo de atención”.
El vínculo que sobrevivió a la distancia
La historia de Luis también muestra cómo la pérdida de contacto con una persona puede producirse de manera progresiva cuando existen dificultades habitacionales y ausencia de redes familiares o institucionales.
Para sus compañeros de tango, sin embargo, Luis nunca dejó de ser parte del grupo. Durante años había construido allí una rutina, amistades y vínculos que excedían las clases.
Ahora, después de dos años sin saber dónde estaba, Carolina y sus compañeros pudieron volver a encontrarlo y acompañarlo en una nueva etapa, mientras se aguarda su recuperación y se avanza en la investigación judicial sobre las condiciones en las que vivían los residentes del hogar de Gollán al 10.100.
Familiares se hicieron cargo de él y lo alojaron en otro geriátrico con mejores condiciones, donde se recupera de la salud tras tiempo sin atención médica y una aparente alimentación deficiente.