Hace 25 años, Juan Andrés Chemes estaba de vacaciones en Nueva York junto a uno de sus hermanos. Tenían previsto regresar a la Argentina ese mismo 11 de septiembre de 2001, pero el viaje quedó suspendido por uno de los ataques terroristas más impactantes de la historia reciente.
El santotomesino se encontraba en un departamento ubicado a unos 400 o 500 metros del World Trade Center, en el piso 26 de un edificio que tenía una vista directa hacia las Torres Gemelas. Esa ubicación hizo que pudiera observar de cerca buena parte de lo que ocurrió aquella mañana.
“Nosotros estábamos de vacaciones. Esa noche teníamos el vuelo de regreso para Argentina. Recién nos despertábamos porque era temprano cuando escuchamos el primer estruendo”, recordó Chemes al reconstruir aquella jornada.
En un primer momento, nadie imaginó que se trataba de un atentado. Desde la ventana comenzaron a observar el humo y una mujer que estaba en el departamento les avisó que un avión había impactado contra una de las torres. La primera interpretación fue que podía tratarse de un accidente.
Pero pocos minutos después, Chemes vio algo que quedó grabado para siempre en su memoria: el segundo avión acercándose a la otra torre.
“Yo lo veo al avión. Mi hermano no, porque estaba justo buscando en internet información. Lo llamo, lo llamo, pero no alcanza a verlo”, contó.
De espectadores a protagonistas del caos
A pesar de lo que estaba ocurriendo, los hermanos bajaron del edificio y se acercaron hacia la zona del World Trade Center. Sacaron fotografías y observaron la escena desde las inmediaciones, todavía sin dimensionar completamente la magnitud de lo que estaba sucediendo.
Después de quedarse sin rollo en la cámara, regresaron al edificio. Fue entonces cuando se produjo el derrumbe de las torres.
Desde allí pudieron observar cómo la zona comenzaba a llenarse de humo y polvo. En las calles, cientos de personas escapaban mientras llegaban bomberos, policías y ambulancias.
“Había mucho humo, mucho polvo de las torres porque se desintegraron prácticamente. Y a la vez empezaban a llegar bomberos, policía, ambulancia, de todo. Era un caos realmente”, relató.
Chemes también recordó haber visto personas que se arrojaban desde las torres cuando se encontraba cerca del lugar. El impacto de esas imágenes quedó asociado a la memoria de aquella jornada.
Cuando cayó la primera torre, su hermano llegó incluso a pensar que la segunda permanecería en pie. “Me dice: ‘Uy, ahora va a quedar una sola’, pensando que no se iban a caer las dos. Y bueno, el desenlace fue el que todos conocemos”, recordó.

Sin luz, sin agua y atrapados en Nueva York
Después de los derrumbes, la zona fue evacuada y se establecieron perímetros de seguridad. Los hermanos pudieron regresar al edificio donde se alojaban, pero quedaron prácticamente aislados.
“Evacuaron como diez cuadras atrás de donde estábamos nosotros, pero no podíamos salir del vallado porque después no íbamos a poder volver”, explicó Chemes.
El edificio tampoco tenía servicios básicos. Se había cortado la luz y el agua en toda la zona, por lo que muchos de los residentes permanecían en el hall del inmueble.
El regreso a la Argentina tampoco fue sencillo. El vuelo que tenían previsto para esa noche quedó cancelado y recién pudieron conseguir una nueva salida el sábado siguiente. Incluso ese viaje estuvo rodeado de incertidumbre: pasaron prácticamente un día entero en el aeropuerto entre reprogramaciones y controles.
“Subíamos al avión, nos bajaban, se reprogramaba. Había mucho miedo”, contó.
La seguridad en los aeropuertos había cambiado completamente. Chemes recordó que fue revisado en numerosas oportunidades antes de poder abordar y que también habían cambiado elementos cotidianos dentro de los aviones, como los cubiertos, que pasaron a ser de plástico.
Un recuerdo guardado durante 25 años
Entre las pocas cosas materiales que conservó de aquella experiencia hay un pequeño recipiente con polvo de las Torres Gemelas.
“Yo no me acordaba, pero el otro día mi mamá tiene guardado una botellita con polvo de las torres. No sé si es ceniza, pero es todo un polvo que habíamos traído nosotros”, contó.
Con el paso de los años, Chemes volvió en varias oportunidades al lugar. La primera vez fue cuando la zona todavía estaba en obras y comenzaba a reconstruirse. Más adelante regresó cuando el nuevo complejo ya estaba terminado.
La sensación, según relató, fue extraña. El paisaje había cambiado por completo y varias estructuras cercanas habían tenido que ser demolidas debido a los daños que habían sufrido.
“Las sensaciones que me quedaron fueron raras de volver a estar en ese lugar, recordar todo”, expresó.
A 25 años de los atentados, el recuerdo permanece asociado a aquella mañana en la que un santotomesino que estaba a cientos de kilómetros de su casa se convirtió, sin saberlo, en testigo directo de uno de los acontecimientos que marcaron al mundo.